Abril 18.

Turismo en Valencia.

Ese era el único día en que permanecimos en Valencia. Tanto que ver y tan poco tiempo. La mayor atracción era su enorme acuario —a una cuadra del hotel— y, por supuesto, su centro histórico. Sin embargo, yo traía un solo propósito: visitar el monasterio de San Miguel de los Reyes.

Debimos ponernos de acuerdo sobre el itinerario del día. Unos que el acuario primero, yo que el monasterio. Este ofrecía visitas guiadas gratuitas hasta la 1:00 PM, así que allá fuimos primero.

El interés de visitar el monasterio se debía a verificar si se les informaba a los turistas que fue don Juan de Vidaña y Alzamora uno de sus constructores.

Fue en Valencia donde usamos el transporte público por primera vez durante el viaje. Esa es muy sencilla: pasas con tu celular si este tiene Google Pay o algo similar —aunque también puedes comprar una tarjeta y recargarla—.

LLegamos al museo cuando el tour de las 12:00 había partido, así que esperamos afuera. En ese tiempo tomamos fotografías y aprovechamos para observar la fachada con detenimiento. Luego, cuando ya fue nuestro turno, salió el guía, un gorrito simpático que dijo llamarse Christian «con ache». Su carisma y su gracia para contar la historia nos mantuvieron entretenidos y atentos. El monasterio de San Miguel de los Reyes guarda en su fachada y en su interior una plétora de iconografía arquitectónica y eclesiástica. Gracias al tour gratuito, informativo e interactivo guiado por Christian, pude darme cuenta de la evolución de este monumental edificio desde su categoría inicial de finca hasta lo que es hoy. Para entender por qué se le había denominado así, el guía nos pidió que observáramos con atención el retablo de piedra de la fachada. Este retablo consta de tres frontones, cada uno apoyado en el otro por sendas columnas jónicas. Preguntó a quién veíamos en la estatua principal. Lo primero que observamos fue a un ángel abatiendo a un demonio: era el arcángel San Miguel, príncipe de la milicia celestial; de ahí el nombre. Más arriba, adornando el frontón de la cúspide, tres estatuas de reyes flanquean una estrella de ocho picos que simboliza las ocho bienaventuranzas y virtudes católicas,  pero, más que nada, a la estrella que guió a los tres reyes hasta el lugar donde nació Jesús. Ahí caímos en la cuenta de qué reyes se trataba. En el primer frontón, el más inferior, dos estatuas flanquean la puerta principal. Pregunto quiénes podrían ser. Solo Raúl acertó al decir que eran los dos apóstoles evangelistas Juan y Mateo. ¡Qué bonito!¿Verdad?

Al terminar nuestro tour de aprendizaje, era momento de relajarnos en el acuario Oceanogràfic, el más grande de Europa. No obstante la época baja,  esta atracción estaba llena de turistas de todo el mundo. Caminamos juntos, pero adentro cada quien se fue adonde más le llamaba la atención. Desde lejos, observaba a mis hijos y a mi esposa con sus diferentes preferencias: uno por los tiburones, otro por las belugas y otro por las medusas. Yo me quedé un buen rato viendo»güigüinos.»

Cuando nos dio hambre, comimos hot dogs, que eran lo único que vendían allí. Con unas salchichas tan grandes que se salían del pan. Tuvimos que seguir caminando para acelerar la digestión. Finalizamos el día con un espectáculo de delfines. Luego, regresamos al hotel para preparar las maletas y continuar nuestro viaje. Siguiente parada: Barcelona.

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