13 de abril
El dia más corto
El poloto del avión debió haber encontrado libre de patrullas aéreas el clielo ya que aceleró hasta un mil millas náuticas por hora obligando nuestra llegada a Marid una hora antes de lo planeado.
Aquel vuelo fue un salto ligero al futuro.:iniciamos a las diez horas del día doce de abril y aterrizamos a las cuatro de la mañana del día siguiente. ¿Dónde quedaron aquellas dieciocho horas de abril 12 que no vivimos?
Llegar temprano no habría sido problema para nosotros ya que acordé con el host la llegada a las seis de la mañana. El plan cambió cuando escuché que me llegó un mensaje de él a mi teléfono; rogaba que moviera la hora para más tarde: las diez de la mañana. No me quedaba más que aceptar, es por eso que tuvimos que vivir en el aeropuerto —igual que muchos otros viajeros— hasta eso de las nueve, ya que fuera tiempo de pedir nuestro Uber para llegar puntuales a nuestra residencia temporal.
La residencia administrada por la firma Minty Stay está ubicada en la calle de los Tres Peces; era inmejorable: céntrica, a diez minutos a pie de las principales atracciones; amplia, con tres recámaras y equipada con todo lo que debe tener una casa. Nos sentimos emocionados. Cuando cada quien escogió su habitación y se instaló, sentimos un vacío en el estómago: estábamos hambrientos. Salimos a buscar dónde almorzar. Queríamos aprovechar cada minuto para hacer nuestra primera travesía; aún era temprano pero las calles ya herbían de gente —al parecer, era la hora de ir al trabajo—. Entramos a un lugar cualquiera, pues si nos poníamos a buscar, nos daban las tres. Sentados en la barra, dos viejos con aspecto de parroquianos concurrentes, hicieron una pausa en su charla para vernos pasar. Al fondo, unos turistas gringos esperaban con ansias su orden -se veían desesperados. Entonces tuve mis dudas de haber elegido bien. Una de las meseras llegó y nos alcanzó el menú. ¡Dios! ¡No sabíamos que elegir! Primero por que los platillo tenían nombres desconocidos para nosotros, y luego, porque los ingredientes no forman parte del desayuno mexicano acostumbrado. Al final, nos a venturamos a pedir mas o menos lo que pensamo podríamos digerir a gusto: las comunes tapas de jitomate, pinchos de papa y tortas de jamón serrano. Todo era nuevo para nosotros, los sabores, las porciones, los ingredientes y, sobre todo, el tamaño de las tazas de café: solo espresso, lo más pequeño posible.
El plan era salir a conocer la ciudad justo después del almuerzo, pero nos fue imposible; teníamos mucho sueño. Así pues, regresamos al departamento y dormimos hasta la entrada de la tarde. Fue como a eso de las cuatro de la tarde cuando salimos a caminar por los lugares turísticos más famosos y cercanos: la Plaza Mayor, la Plaza del Sol, la Cibeles, Neptuno, la Puerta de Alcalá; era un circuito que nos llevaría de vuelta al departamento ya entrada la noche.
Cuando regresamos a la residencia, paramos a cenar en otro local donde también vendían tapas, pinchos y tortas. Nos miramos unos a otros; teníamos que acostumbrarnos. Queríamos pensar que quizá en otro lado pudiéramos encontrar donde sirvieran carne y frijoles.




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