Siempre que viajo a la Ciudad de México me dan mareos; a veces son tan fuertes que tengo que apoyarme de algo para no caer.

La semana del 31 de agosto al 4 de septiembre estuve por aquellas alturas aztecas trabajando para mis clientes en la expo del Agua.

Pues bien, el dia 3 me fui al aeropuerto a eso del mediodia para estar a tiempo para mi vuelo de regreso a Monterrey programado a las 3:00 PM.

No entré a las salas, como llegué temprano, preferi caminar por ahi, para mirar los aparadores de las tiendas; cuando me cansé, me senté en una de las bancas del pasillo donde me puse a observar a la diversidad de usuarios caminar de aqui para allá.

De pronto, ahi sentado, sin hacer esfuerzo, sin estar apurado por nada, la zona que rodea mi marcapasos-desfibrilador empezó a temblar tan violenta, constante y largamente que me asusté.

Volteé para todos lados, tratando de guardar la calma. Buscaba la señal del cuarto de primeros auxilios. No lo vi.

Pregunté a una oficial que pasaba cerca de ahi si sabia dónde estaba localizado y se ofreció a llamarles para que me atendieran. En ese instante las palpitaciones cesaron. Le pedí que esperara.

—De todas formas me quedo aquí —me dijo preocupada, y se quedó cerca, observándome.

Al final, ya no me pasó nada. Me levanté y le hice una señal para darle las gracias; luego entré a tomar mi vuelo. No tuve más palpitaciones ese día.

En la siguiente semana, exactamente el dia 9, fue el implante que me dió otro gran susto. De la nada comenzó a vibrar. Dió tres zumbidos de tres segundos cada uno y luego paró. «Eso debió ser lo que me pasó en el aeropuerto y me confundí», pensé.

Inmediatamente llamé a mi médico para ponerlo al tanto, pero no contestó. Andaba fuera de la ciudad; entonces le dejé un mensaje.

Exactamente diez horas después del primer zumbido, llegó otro igual, y así, otro y otro espaciados por diez horas, hasta el dia 10, cuando la última alerta sucedió a las 5:30 PM de ese día.

El cardiólogo ya me había alertado sobre la poca carga de la batería de mi implante y me había urgido a solicitar el reemplazo con mi aseguradora. Lo tramité de inmediato y esperábamos la aprobación con tranquilidad, pero sucedió todo esto mucho antes de que recibiera la aprobación. .

Cuando ya no recibí alertas, me entró el nerviosismo. Volví a llamar al médico y a mi agente de seguros. Fué este último quien me recomendó ir al hospital, por seguridad, para que los médicos evaluaran mi condición.

La verdad, yo me sentia bien y podia haber esperado la respuesta de mi doctor. Pero, ¿y si me pasaba algo? Entonces decidí ir y entrar por emergencias.

Ya en el hospital, los residentes del grupo del cardiólogo confirmaron que el implante había entrado en reserva, lo que suponía un peligro inminente si mi corazón entraba en arritmia ventricular.

Los residentes, con instrucciones del cardiólogo, desactivaron toda función que pudiera agotar la reserva por completo, aunque de todas formas, ya no existía energía suficiente para una descarga, solo había para el marcapasos. Tomaron una decision: internarme en cuidados intermedios y esperar la aprobación de la aseguradora para hacer el cambio del implante.

Entré a las 5:30 PM del día 11 —el día de cumpleaños de mi hijo mayor—. La aseguradora tardó cinco días en responder. Mientras tanto, yo había permanecido conectado a un monitor cardíaco; afortunadamente, en condición estable.

El médico me programó cirugía para el lunes. Temprano me llevaron al quirofano y cuando me sedaban, se enteró que aún no se había emitido la aprobacion por parte de la aseguradora. Y ahi voy, de regreso a cuidados intermedios.

Yo entiendo que la aseguradora no solo estaba analizando mi caso. ¡Cuántos más estarían en una situación semejante esa semana! Bueno, la aprobación llegó al fin el día 15 por la tarde. Inmediatamente informé al doctor.

Mientras observaba la ceremonia del grito por la independencia de México, ya cerca de la medianoche, llegó la respuesta del médico:

«Prepárese para mañana a las 11:00 AM».

Habiendo repetido el proceso anterior de sedación, ahora si, me llevaron al quirofano. Dos horas después ya estaba en recuperación con algo de dolor y con un objeto pesado oprimiendo mi pecho.

Luego por que se enoja el pacie te.

Recibir la aprobacion de la aseguradora para una cirugía no facilita un proceso fluido para el hospital. Si lo es para proceder con la cirugía, pero no para liberar al paciente —uso esa palabra porque en realidad, mientras no se liquide la cuenta, el paciente queda como rehén de seguridad .

El proceso de alta implica que elbhospital haga un desglose de los gastos totales, luego la aseguradora los revisa, si hay discrepancias se rechazan los cargos y se vuelve a repetir el proceso. En esto pasan alrededor de tres horas. Sin embargo, el paciente no considera el tiempo que transcurre entre un aviso y la respuesta, la desidia —o incompetencia — de los empleados administrativos que se dan otras prioridades antes que procurar la salida expedita de un paciente.

En mi caso, me dieron de alta a las 9:00 AM y fue hasta doce horas después que me vi saliendo, por mi propio pie, del hospital. Eso porque baje desesperado a preguntar la razón del retraso. Mas tarde, cuando esperaba al empleado que me entregará la cuenta y al enfermero que me llevara en silla de ruedas, ninguno llegó. Entonces mi hijo salió enfurecido y desesperado a preguntar de nuevo. Faltaban quince minitos para las siete de la tarde.

Dijo que cuando entró a la oficina administrativa preguntó cuánto más se iban a tardar y la señorita le indicó con el dedo diciendo:

—Aquí esta ya su alta.

—¿Y se va a ir sola, o qué?

—Es que las chicas salen a las siete.

Así pues, con mi herida recién cocida y mareado por los medicamentos, me atrevi a bajar para proceder al pago. De no haberlo hecho así, estaría saliendo al dia siguiente.

Los que sí te cuidan

Durante todo ese tiempo nunca estuve solo. Afortunadamente cuento con el apoyo incondicional de mi esposa y mis hijos. Cada uno se turnó para estar conmigo, a pesar de que el riesgo era menor. Quienes te visitan o te llaman también provocan un sentimiento significativo que incluso ayuda a sanar no solo la herida sino el corazón y la mente.

¿Quién podrían invertir tiempo en hacerte compañía en tus momentos de flaqueza, enfermedad o duelo? Sólo aquellos que de verdad te quieren y se preocupan por ti. Esa semana yo me di cuenta de quiénes son los que están más cerca de mi y por eso me siento bendecido.

Lo que

Lo bueno de estar asegurado es que se libra uno de hacer pagos enormes en gastos hospitalarios. En mi caso, el reemplazo del marcapasos costó mas de un millón de pesos. Yo solo cubrí una fracción de eso con el deducible y coaseguro. Pues vale la pena.

Este nuevo dispositivo me servirá por diez años, asi que tengo mucho tiempo por delante antes de volver a pasar esta experiencia.

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