¿Crees que todo pasa por algo?

Yo, si.

Soy una persona organizada en exceso y comondicen por ahi, todo en exceso es malo. Aun asi, esa cualidad —o defecto, según la perspectiva de cada quien— ha sido la que admiran los que me rodean.

Cada movimiento que hago tiene un propósito, cada paso que doy es para lograr una meta, el tiempo perfectamente planeado, cualquier pequeño retraso abre una puerta a ese yo interno que sabe perder los estribos muy fácilmente.

Pues resulta que un día iba conduciendo por una de las principales avenidas de Monterrey muy próximo a la hora pico. Como es una avenida de velocidad controlada y yo llevaba prisa, decidí moverme del carril central al de mayor velocidad, a mi izquierda, que normalmente es de 80 km/h, pero en promedio se conduce por ahi a 100.

En el instante en que intenté virar, el auto de atrás aceleró y me impidió hacerlo. Avancé un poco más e intenté de nuevo, pero lo mismo hizo aquel auto. Al fallar en mis dos intentos, otro auto paso frente al mío con velocidad excesiva hacia ese carril. Para entonces yo disparaba rayos y culebras por mi boca.

Segundos después, alla a lo lejos, el tránsito de autos se detuvo intempestivamente, tan rápido qué aquél que me rebasó por mi derecha ya no pudo frenar a tiempo. Una nube de polvo se levantó frente a nosotros por el impacto multiple de autos, entonces el tránsito se detuvo por completo. Ya nadie avanzó. Luego me dije «ese pude haber sido yo.»

El coraje que se había desatado en mí se transformó en temor por lo que pudo haberme pasado y en agradecimiento al que me impedía el paso. Yo lo veía como a un necio, pero ¿sería acaso un ángel?

Desde entonces, cuando me encuentro con un tipo que se me adelanta, me rebasa o me obstruye el paso, simplemente reduzco la velocidad y le doy las gracias.

Y sí, las cosas pasan por algo. Todo pasa con un propósito y casi siempre es para preservarnos con bien.

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