El dinero no es la vida. Ah, pero como ayuda.
Hace cuatro años que acepte tomar un empleo como último remedio para salir de una recesión económica que me hundió en deuda tal, que no daba lugar a aventuras comerciales. O ganaba un salario fijo y seguro o arriesgaba la educación de mis hijos y la manutención de mi hogar. Ya había estado en esa situación años atrás pero mi esposa siempre me apoyo y terminaba emprendiendo algo nuevo y redituable.
Pero desde que ese salario fijo me tiene esclavizado, vivo al día. Ajustado a lo que gano y sin oportunidad de salirme un poco de la rutina de dormir-trabajar, dormir, etc.
Hoy es mi vigésimo tercer aniversario de bodas. De nuevo, un día normal sin celebración y sin nada.
Meses atrás había pensado que mi esposa y yo pasáramos un fin de semana en Acapulco, aprovechando la convención minera que me la llevaría en viaje de negocios. Por ser Guerrero zona crítica por la inseguridad que allá impera, mi oficina no aprobó mi viaje en tiempo para yo poder hacer el gasto con toda seguridad. Mis gastos correrían por el gobierno y los de mi esposa ( el vuelo) por la mía. Al fin no se hizo.
Para hacer más difícil todo, la universidad donde estudia mi hijo mayor me avisa de un cargo de cerca de $2,000 realizado por cuestión de un cheque devuelto. Un descalabro más a mis finanzas que fue evitado gracias a la intervención de mi hijo.
Lo más incómodo de esta situación es que, a veces, cualquier problema nuevo que aparece, lo tengo que arreglar yo. Eso me saca y distrae de mis obligaciones. Mi esposa ya no hace lo necesario para encontrar una solución. No me molesta, me pone nervioso que dependa tanto de mi.
Debiera ser un día alegre pero, empezó como cualquier otro día. No hay nada especial.




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