En noviembre del 2016, fuimos a Parras de paseo. Solo Nora y Yo, acompañados de mis dos hermanas que radican también en Monterrey. Yo tenía entonces la idea de comprar la propiedad que era de mi abuela. Es la casa de Ramos Arizpe 72. A mis hermanas les pareció buena idea ir a verla, siquiera por fuera. Llegamos y bajamos del auto. Pegado al portón, el dueño tenía un anuncio de Omnilife, la famosa proveedora de suplementos alimenticios. De alguna forma, eso me dio ánimo para tocar y gestionar la entrada al lugar. Eran como las 2:00 PM.
Una mujer desaliñada y con cara de sueño abrió la puerta. Le expliqué mi parentesco con la dueña anterior y solicité pasar, «para recordar». Lo mas prudente habría sido mandarme a volar, pero mi actuación la conmovió y aceptó sin reparos.
Aunque era nuestro legítimo interés caminar por la propiedad mientras narraba yo mis recuerdos del lugar a mis hermanas —que no conocieron el lugar antes—, no pudimos pasar por alto el obsceno desorden y suciedad del interior.
La mujer se disculpaba diciendo que era enfermera y trabajaba en turnos, con muy poco tiempo para asear su casa. Si nuestro anhelo de ver esa casa y recordar su historia no fuera tan grande, hubiéramos salido de inmediato temiendo un contagio por tanto mugrero.
La casa tiene un gran valor sentimental, pero su valor inmobiliario no la hace accesible después de todo el trabajo de renovación que requiere. Aún así la quiero para mi.
Ayer, 13 de febrero del 2026, Nora, mi suegra y Yo, fuimos a ver el estado de una casa que rentaba mi suegro. La inquilina huyó después de que en diciembre pasado le avisé que subirías la renta y que era necesario que liquidará una deuda en Comapa. —la compañía del servicio de agua potable de Reynosa. Se deben como cuarenta mil pesos. Un vecino se quejó del lamento constante de un perro encerrado en esa casa. Cuando mi cuñada fué a ver, se dieron cuenta que la inquilina ya no vivía allí. Violaron la entrada y encontraron al pobre animal abandonado, un hermoso y enorme Pit Bull Terrier color miel (aunque a mi me parece mas un American Bully XXL).
Cuando me tocó a mi reconocer el lugar, no pude evitar recordar mi visita a la antigua casa de Parras: Esta mujer de Reynosa tenía su residencia hecha un chiquero.
Realicé una inspección visual de todas las habitaciones del lugar para darme una idea del trabajo necesario de remodelación antes de poder rentarla de nuevo. Creo que es mejor derribar todo y construir de nuevo.
La pregunta hoy es: ¿conviene invertir en Reynosa o en Parras?



Deja un comentario