O historia de una rodilla quebrada.

Febrero 9, 2024.

—Papá, hace tiempo que me empezó a tronar la rodilla — señalo Adrián un día. Cómo a mí me ha pasado eso de vez en cuando y no he tenido complicaciones, pues le dije eso, que no es de preocuparse.

Desde que era pequeño le ha gustado hacer deporte. Es una forma de agotar esa inquietud natural que le viene de nacimiento.

A los tres años ya jugaba soccer en el club infantil de la colonia donde vivimos y, de ahí p’al real, no ha cesado de jugar. Ya en su pubertad, percibí que le encantaba hacerse el héroe del equipo. A veces llegaba a casa con tremendos raspones en las piernas, cadera o brazos, cosa que me enfadaba sobremanera. Era tal mi desaprobación que, en las subsecuentes ocasiones, él y su madre me ocultaban sus heridas.

En estos días de su juventud, nada ha cambiado, excepto que ha añadido deportes a su actividad: tenis, gimnasio, y otros. Su impulso del héroe tampoco ha cesado.

Hace dos semanas, el llegó a casa lastimado. Resulta que durante un partido de soccer que se llevaba a cabo en el Albatros, campo cercano a nuestra colonia, quiso zanjar un balón que le quedaba muy alto. El héroe se lanzó pero falló en pararlo. El problema fue que, en su caída, su rodilla izquierda se estrelló en el césped sintético debajo del cual solo hay concreto.

—Me dolió tanto que pedía que me llevarán a un hospital, —me dijo cuando llegó a la casa y me explicaba el por que caminaba con dificultad. Optó por venir a la casa cuando sintió que la intensidad del dolor cedió un poco.

Los días posteriores continuó teniendo molestia y terminó visitando al traumatólogo. Pues ahí tienen, que el jovencito se fracturó los meniscos y destrozó los ligamentos cruzados. Y ni modo, a programar cirugia.

Afortunadamente para nuestra economía, la empresa que recién lo contrato le había protegido con gastos médicos; el doctor se encargó de solicitar la programación de la cirugía. El mismo recomendó el Doctors Hospital East pues ahí mismo consulta el.

La operación se realizó el martes 6 de febrero. Les tomó poco más de tres horas. Cuando lo llevaron a su cuarto, el 805, llegó despierto pero aún con los efectos de los sedantes.

Ese día salí del trabajo y me fui directo al hospital. Ya se le había pasado el sedante y se sintió con fuerza para levantarse y caminar sin ayuda al baño. El anestesiólogo le había advertido que tuviera cuidado ya que su pierna estaría muy débil. Adrián recordaba que el doctor le había dicho que saldría caminando, con esa confianza intentó levantarse pero, en ese instante, se desplomó y cayó sobre su rodilla. Si, la misma rodilla que le habían recién operado. Lo levantamos Nora y yo, luego lo colocamos en su cama. Segundos después, sus vendajes se tiñeron de rojo. Se había lastimado.

Inmediatamente lo reportamos a las enfermeras que lo cuidaban. Un año después, llegaron a curarlo y cambiar sus vendajes.

Adrián tuvo que estar tres días en cama, comiendo alimentos del hospital y pasar el tiempo viendo tele y chateando con sus amigos. Que por cierto, nadie mas, a excepción de la familia,  su tía Diana y su novia, lo visitó en el hospital.

Y aquí lo tenemos, después de tres días de hospital, ya se sostiene y da pasitos cortos.

Ambos, Nora, que se quedó con él todo el tiempo, y él, siguieron convalecientes en casa, está vez con vómito y diarrea, señal de haber adquirido una rara infección en el mismo hospital.

La recuperación total vendrá con el tiempo. El doctor no prescribió rehabilitación ya que, como dijo, Adrián tiene sus músculos muy fuertes y no lo necesita.

El lunes entra a trabajar. Tiene prohibido manejar el auto estándar. Yo no creo que deba volver al trabajo tan pronto.

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