Vacaciones 2023
Enero 1, 2024.
Afortunadamente, este día no programe ningún paseo, sabía que el desvelo de la celebración del fin de año nos haría dormir hasta muy tarde. Pues si, cuando salimos del hotel ya era hora de comer. Nora, Raúl y yo nos preparamos para salir ya que no veíamos signos de vida en nuestros acompañantes. Nos fuimos al NYNY a petición de Raúl. A el le había fascinado estar allí tres meses atrás y deseaba que sus padres tuvieran la misma experiencia.
Comida Mexicana en el NYNY.
Encontramos un restaurante disque mejicano y entramos a almorzar. Era el González y González, pues si tenían muchos platos mexicanos pero de los que son para la comida, yo quería desayuno. Nora y yo pedimos burrito.
Mientras esperábamos nuestra orden, llegaron los demás y ordenaron también.
Lo que no pudimos superar son las increíblemente grandes raciones que sirven en los restaurantes de USA. Cuando llegó nuestro burrito supimos que debimos haber ordenado solo uno para Nora y para mi. Pero mira, poco a poco, y entre plática y platica, nos lo acabamos. El mesero llegó con el pedido de los demás y, aunque Raul había pedido antes, su platillo no llegó.



Mientra comíamos vimos a los pasajeros de la montaña rusa. Raul sugirió que subiéramos, pero yo había programado ese juego para nuestro último día porque el día 3 andaremos errantes por más de siete horas, ya que nuestro vuelo partirá a la medianoche.
“Pues ahora si quiero que vean el Caesar Palace por dentro”, sugirió Raul. Y para allá nos fuimos, no sin antes pasar a Sketchers por unos tenis para caminar, que Nora ya me tenía bombo con su insistencia. “Es que vas a ver la diferencia.”Pues fuimos a la tienda y me probé los primeros que vi, afortunadamente eran de mi talla. Me los lleve puestos; y si, eran más cómodos.
Ya en camino hacia el Caesar’s, Raúl me decía que si quería que viéramos un espectáculo, ese era el momento. Ya ni siquiera lo puse a votación, ya sabía que si preguntaba qué show les parecía atractivo nadie iba a sugerir nada.
Conociendo el Belaggio.
Conforme avanzamos hacia nuestro destino miraba los espectaculares para ver si alguna presentación me llamaba la atención. Nada, que solo había diferentes presentaciones de Cirque Du Soleil, Chippendale, y cosas así. Así lo dejé; seguimos caminando.
Fue asi que llegamos al Bellagio. ¿Tiene algún significado «Belaggio»? Resulta que es el nombre de un pueblo en la región de Como, en Italia. Está situado en las márgenes del Lago di Como y es uno de los cinco pueblitos más hermosos de la region. George Clooney tiene dos villas en uno de esos pueblos. Se antoja ponerlo en la lista de viajes soñados.
Al entrar al casino se encuentra uno nuevamente con la majestuosidad de las edificaciones que son factor común en Las Vegas. La arquitectura y la decoración me hacen pensar en la obstinación del hombre por mostrar su poder, «mas grande, mas poderoso». En Las Vegas, el tamaño si importa
Una larga fila llamaba la atención. Al fondo, en dirección de nuestro avance, una enormes figuras alusivas al cuento El Cascanueces y el Rey de los Ratones, de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann escrito en 1816, —cuento que inspiró a Alexandre Dumas para crear una versión para niños. Nos pusimos en línea y entramos. Las figuras elaboradas con pétalos de rosas, incluían a Clara, el rey de los ratones y el príncipe Cascanueces. El público admiraba extasiada las singulares figuras haciendo el avance lento y desordenado; termine desesperando y di marcha atrás. Afuera, espere impaciente a que los demás salieran.
Cuando todos estábamos reunidos de nuevo se decidió que cada quien comería lo que se le antojara. Caminamos al «food court», para mí era tarde para cenar pesado, tendría suficiente con un café de Starbucks y un trozo de pastel de limón. Me puse en la línea y poco después me desesperé con una asiática que no se decidía qué y cuánto comprar. Me salí de la fila. Cuando me reuní con los demás, ya comían sus alimentos. Me parecía que dormiría con el estómago vacío. Pasado un buen rato, la fila desapareció en el Starbucks y corrí hacia allá. No lo hubiera hecho; aunque me atendieron relativamente pronto, mi café tardo tanto que mi enfado se magnifico. Me apoloté —ni la busquen, esta palabra no está en el diccionario.
Fuck you!
Caminamos hacia la zona de taxis. De nuevo nos repartimos para tomar dos vehículos. Mario, Nora y yo, subimos al auto que conducía un asiático. Inició la marcha y, bueno, yo no recuerdo haberle indicado que me era urgente llegar. El hombre hizo alarde de sus habilidades de conductor y aceleró como queriendo cubrir los dos kilómetros que separaban de nuestro destino en solo dos minutos. Rebasaba por la derecha, cruzaba carriles sin poner señales, no paraba en los topes y así, llegamos, con vida.
Pagaría con tarjeta, el me abrió la aplicación en el pequeño monitor del respaldo del asiento del copiloto. Catorce dólares, no añadí propina. Al notarlo, el conductor visiblemente enfadado salió del auto y me enfrentó al otro lado del auto, yo estando aún adentro. «¡Por qué no me dejaras propina!», gritó. Sereno, volteé hacia el y le dije que no se la merecía por ser un conductor descuidado y sin educación vial. Bueno, se enfado tanto el mendigo Chino que empezó a golpear su propio auto —seguramente no era de su propiedad. Abrió la cajuela y luego la cerró azotándola. Hizo lo mismo con las puertas del lado del conductor. Entró al auto de nuevo y tecleo algo en su aparato que hizo que mi tarjeta no pasara. Me quería hacer el momento más difícil. Abrí mi cartera y traía veinte dólares. No tenía caso pedirle cambio, así que le di los dos billetes. «Mira, -le dije, te vas a llevar más propina de la que te mereces, creo que me merezco una disculpa». «Fuck You!, gritó. Agarré mis cosas y me dispuse a salir del vehículo. Hice una pausa para despedirme con un «eres un ser despreciable, ¿lo sabes? Apenas pude salir cuando aceleró el auto y se marchó patinando llanta. El bellboy del MGM se quedó desconcertado. Nora y Mario preguntaban que había pasado. Los empujé para que no preguntarán más y los lleve a la entrada del hotel. Ya en el elevador les di detalle. Yo me sorprendí de mi reacción tan tranquila para manejar la situación, aunque al final cedí seis dólares que no quería dar.





Deja un comentario