Vacaciones 2023.

Diciembre 31.

Anoche advertí a mi grupo que el plan era estar en carretera a las 10:00 AM. Hoy, me sorprendí que a la hora indicada, ya todos estábamos en el pasillo del hotel listos para salir.

Agarramos la autopista 15 al norte a eso de las 10:45 AM, yo conducía. Yo esperaba ver que la urbanización desapareciera poco a poco, pero no fue así. Se observan centros comerciales, outlets, ranchos y restaurantes a lo largo del camino.

Las hamburguesas In-and-Out

Después de un rato conduciendo llegamos a Foothill en Rancho Cucamonga. Igual, un mall, outlets, restaurantes. Mario, que recién regresaba de Nueva York y que había escuchado de la fama de las hamburguesas In-and-Out, diviso la franquicia y recomendó que probáramos. Pues nos estacionamos y entramos al estacionamiento. Yo tenía más deseos de un McMuffin, pero no había McDonalds cerca.

Ordenamos y nos fuimos a sentar mientras preparaban nuestra orden. Un rato después llegaron con dos charolas. Cada quién tomó una hamburguesa. Adrián exclamó “¡Que chingados es esto!”

En efecto, el tamaño y el contenido eran decepcionantes. Adrián abrió la hamburguesa para mostrar su miserable contenido de carne, delgado y sin sabor. Bueno, las papas fritas estaban más sabrosas.

Antes de dejar el lugar pasamos al Walmart a surtirnos de agua, botana y golosinas. (Era recomendación de Raúl que había sufrido de sed en un viaje anterior); recomendé que usaran el sanitario porque no tenía intención de pararme nuevamente en el camino. Ya era la una de la tarde y tenía el pendiente de entregar el auto en Las Vegas antes de las seis.

El MGM Grand

No hay forma de que alguien se pierda en la carretera 15 Norte; saliendo desde Los Angeles conduce uno todo derecho y llega a Las Vegas en cuatro horas. Llegando a Barstow, anuncié que era necesario cargar gasolina; era mi pretexto para ver el termómetro más grande del mundo. Ya le había comentado al grupo mi intención de pasar por ahi. Esta fue la única vez en que todos votaron igual y lo externaron, «No, para qué, ¿que atractivo hay en un termómetro?» Pues ahi los vi, despues de haber llenado mi tanque y que mi auto estaba en movimiento, vieron el monumental instrumento y exclamaron: «¡Ay, que bonito, tomen fotos!»

Aceleré.

Había poco tráfico a la entrada de Las Vegas. (Por cierto, ¿saben el orígen del nombre? Se dice que la zona llamaba la atención de los indios y los pioneros ingleses que se aventuraron al oeste pues, a pesar de estar desértica, estaba henchida de zonas de verdes praderas. Los españoles les llamaban «vegas». (Aunque el equivalente en inlgés es «meadows» prevaleció el epónimo hispano.) Eran las 5:15 PM cuando bajé a mis pasajeros a la entrada del MGM Grand, un bellboy se acercó a ayudarnos con la tremenda carga de equipaje. Mario y yo, resumimos el camino hasta el Harry Reid Airport donde debía entregar el CX90. De buenas que me acompañó porque el camino en el interior del aeropuerto era confuso y no se diga dentro del estacionamiento. Pues llegamos al SIXT - me encantó el proceso para rentar un auto en esa compañia, rápido, autos de buena calidad, y ademas, económicos: trece mil pesos por cuatro dias, en auto de lujo. ¡Una ganga! Bajamos del auto, abrimos todas las puertas, revisamos el interior para asegurarnos que no dejamos nada de valor (Raúl ya habia avisado que no encontraba su celular) y bajamos la basura. Llega una chica con una carpeta «¿Mr. Vidana? Thank you, that’ll be all.» ¡Así de fácil! Claro, ya después me llegó el cargo por cincuenta dólares por entregarlo con el tanque a tres cuartos. Pa’ la otra…

Fuimos a tomar el transporte gratuito y nos desanimamos por la larga fila de gente con cara de fastidio -seguramente se está tardando el autobús-, Mario decidió pedir Uber. Este llegó rápido y nos llevó de vuelta al MGM. Entramos al lobby, un enorme área común para tiendas, huéspedes y tahúres. El ruido de aparatos de juegos, gente celebrando y paseantes alegres, era ensordecedor. -¿Se han dado cuenta que el turista muestra su felicidad alzando la voz cuando habla?-.

Raúl nos esperaba. Nora y Adrián no estaban alli. Me formé para hacer nuestro registro. Todo fué igual de fácil que rentar en SIXT. «Mr. Vidana, welcome to Grand MGM. We have two standard bedrooms with king size beds reserved for you, is that correct?

Cuando reservé, un mes atrás, se me indicó que el hotel haría un cargo adicional de protección para el consumo de minibar y aparatos de la habitación, pero no te lo cargan en realidad, solo protegen la cantidad en tu tarjeta; eso reduce tu saldo disponible.

Nora y Adrián llegaron y se integraron. Ya venian cargados; la tienda M&M’s está justo al lado del hotel y pues se fueron a realizar sus primeras compras. ¡Puro mugrero!

Ya con habitaciones listas, el bellboy se encargó de llevarnos las maletas. Era hora de descansar. Al menos yo necesitaba una siesta reparadora, me recosté y…..zzzzzz.

Festejando a Nora

Fué una siesta corta, quizá veinte minutos. Cuando desperté nadie aún se estaba preparando para salir. Era fin de año, pero tambien el cumpleaños de Nora. Ella en su papel de mamá protectora ordenó que debíamos irnos bien abrigados pues saliendo de cenar saldríamos a caminar bajo una temperatura de, en ese momento, cuatro grados centigrados.

Ya estábamos todos en la planta baja del MGM a eso de las 9:00 PM. Entramos al International Smoke localizado; tenía muy buena apariencia y, por lo espacioso, uno podia imaginarse que era de los más concurridos. Pues ese día no. Todos los meseros podían estar a nuestro servicio si quisieran. Tres de ellos nos dieron la bienvenida y dejaron el menú. Raúl lo abrió. Sus ojos se abrieron de sorpresa cuando vió los precios de los platillos y preguntó «Papá, ¿estas seguro que quieres festejar a mamá aqui?»

Festejando a Nora en el International Smoke del MGM Grand, Las Vegas 31.dic.2023.

«Para festejar a mamá no hay miramientos», dije. Aunque despistadamente le eché un vistazo a los precios. Aun estaba a tiempo de salir de ahí, pero no, no hubo necesidad, ni yo lo deseaba. La frugalidad no es una de mis virtudes cuando viajo, me gusta disfrutar el dinero. Y si lo disfruto con mi familia, soy el hombre más afortunado. Aún así, evito el despilfarro, pues ese es un hábito que reduce la riqueza. Pedimos alimentos al centro, para compartir: ensalada cesar con parmesano, ajo y streusel, un kilo de brisket y macarrones con trufas. Una delicia, en verdad. ¿Te gustó, mi amor?, pregunté y su respuesta: «si».

Ja, ja… parca, como siempre.

Recibiendo el Año Nuevo

Terminamos de comer, pedimos la cuenta, dejamos una propina que le encantó al mesero y salimos para buscar un buen lugar donde recibir el 2024. El mejor lugar, decían algunos, es justo frente el Caesar’s Palace, que porque desde ahí se ven los fuegos artificiales de varios hoteles – el Venetian, el Paris y bueno, con eso tuvimos suficiente y nos dirigimos hacia allá, caminando a paso de viejito (dice Raúl). Llegamos al Bellagio alrededor de las 11:00 PM. Nos quedamos un buen rato admirando las fuentes bailarinas bajo esa congelante temperatura de cuatro grados y un viento que soplaba como si quisiera matarnos. Mis orejas se enfriaban.

Buscando un buen lugar para captar las cautivantes danzas de los chorros de agua, el grupo comenzó a dispersarse. Mario entró al Bellagio y ya no regresó; Nora permaneció con Adrián y la novia, quién sabe dónde; Raúl, desesperado de que no avanzamos, continuó caminando. Yo me limite a caminar de un lado al otro de las fuentes hasta que los encontré. Ya todos reunidos iniciamos la marcha tras Raúl.

En el camino compramos unas chucherias luminosas para estar a tono con los demás visitantes. Mis orejas me dolían y las cubrí deslizando mi gorra un poco más abajo.

«¡Hey, papá! ¿dónde están los demás? – era Raúl indicando que era tiempo de acercarnos al lugar acordado.

Una vez que nos reencontramos, iniciamos la marcha hacia el Caesar’s. Encontramos un buen lugar frente al puesto de vigilancia donde también estaba Telemundo dando cubertura del ambiente festivo en ese momento trascendental. Lo hacen cada año. Raúl entabló conversación con uno de los oficiales quien no cesó de hablar y contar aspectos de su vida diaria que a nadie más que a él le importaban. Yo me aparté. El ambiente se tornaba más ruidoso cada vez que la cámara de la televisora realizaba un barrido de izquierda a derecha mostrando a la concurrencia. Todos querían salir en la televisión. Yo me acerqué disimuladamente para no hacer tan evidente que tambien buscaba lo mismo.

Faltaban aún quince minutos para la medianoche cuando una descarga de bengalas luminosas salió por encima del Venetian. Pensamos que nuestros relojes se habian atrasado, pero no. Poco después, una patrulla aérea inició una búsqueda sobre los techos de los hoteles cercanos, incluyendo el Venetian. Buscaban al responsable de la broma; eso fue lo que nos reportó el guardia, el nuevo amigo de Raúl.

Inició el conteó a los diez segundos previos a la medianoche. ¡10, 9, 8….! Gente de todas partes del mundo gritaban en inglés la cuenta regresiva con el mismo entusiasmo. El frio era insoportable y me cubrí la nariz con mi bufanda. A las doce en punto inició el espectáculo de bengalas y detonaciones de cuetes que se disparaban desde lo alto de los hoteles cercanos. Unos más fastuosos y hermosos, los otros más sencillos y tradicionales. El júbilo era general, pero los jóvenes lo hacían mas divertido con sus ocurrencias y sus improvisados bailes.

Empezamos a darnos el clásico abrazo de año nuevo y tomarnos la foto. Cuando terminamos de abrazarnos entre nosotros, buscamos en derredor nuestro a quien abrazar y prodigar  nuestros deseos (como es costumbre en México); sin embargo, nadie mas lo hacía. Nos contuvimos.

Iniciamos el viaje de regreso de dos kilometros hasta el MGM Grand. Con eso cumpliamos a cabalidad el tercer objetivo del viaje.

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