Vacaciones 2023

Diciembre 30.

Nos levantamos tarde, lo necesitábamos, el día anterior fue extenuante. Nuestro programa de actividades para el tercer día en Los Ángeles incluía una caminata por el «Walk of Fame» en Hollywood y compras en el «Hollywood and Highland Mall».

Antes de salir, decidimos desayunar en el Lakeview Bistro, el restaurante del hotel Westin. Bajamos al lobby y pedimos mesa para seis. No había lugares, así que nos sentamos a esperar pacientemente. Después de diez minutos llegaban grupos menores, de cuatro, de tres y los pasaban antes que a nosotros. Me empezó a hervir la sangre. Llegó un grupo de cinco y pasaron primero que nosotros.¿Se les habrá olvidado? Me incorporé y me dirigí a la «hostess» para reclamar.

«¡Oiga…!» Le expliqué la causa de mi molestia. Ella me explicó que no tenían libres lugares para seis. Y sin embargo, una enorme mesa redonda estaba desocupada hacia rato justo detrás de ella. «Podemos usar esa», indiqué. «Es para cinco personas», respondió la mujer. «Usaremos esa mesa ¡Ya!».

La mujer accedió apenada; cuando ya nos acomodamos, quiso reivindicarse sugiriendo el buffet (desayunos de $39 dólares) alegando que a la carta nos saldría más caro. Comimos hasta quedar más que satisfechos, pues no teníamos idea de dónde comeríamos ese día. Hollywood era totalmente nuevo para nosotros.

Pues llegamos a Hollywood y nos estacionamos justo abajo del teatro Chino. Eran como las dos de la tarde y el lugar estaba muy concurrido. Gente de todo el mundo visitando ese icónico espacio de Los Ángeles en donde las estrellas imprimieron sus huellas como una muestra de la culminación de su carrera artística. Nos encontramos desde las esperadas, Cary Grant, Marilyn Monroe, Shirley Temple, hasta las más insólitas, entre ellas las de Eugenio Derbez, y otros sonsos de la misma talla.

Mientras caminábamos por Hollywood Boulevard, un extraño y penetrante aroma empezaba a irritar mis ojos y secar mi nariz. Era el pestiente aroma a mariguana que, al ser perfectamente legal su consumo «recreativo», cualquiera se aventaba un churro sin el más mínimo decoro. El ambiente enrarecido por la peste empezó a ser molesto. Las ganas de seguir explorando se desvanecieron. Además, caminar esa avenida nos recordaba la calle Juárez de Monterrey; vendedores callejeros ofrecían sus hotdogs, esquites y otras delicias mexicanas. Todo eso nos invitó a seguir por otro camino. Así pues, regresamos por nuestro auto y salimos del lugar. Realmente no valió la pena la vuelta hasta allá.

Llegamos al Highland Mall. Desde el estacionamiento se observaba el famoso anuncio de Hollywood sobre la montaña. Mucho más cerca y más claro que desde el teatro Chino donde mis hijos hicieron fila para tomarse la foto con las letras al fondo.

El Mall, ¡ay! ¿que les digo del mall? Es grande, «pet friendly» y con muchas tiendas de marca. No tiene diferenciador al compararlo con los centros comerciales de Mexico. Siempre las mismas tiendas: Guess, Oakley, Victoria Secret, Sephora, Skechers, Pandora, Adidas, ¿le sigo? Los precios puede que sean más bajos allí. Yo no compré nada, así que no sé. Los chicos se compraron ropa deportiva, y cuando terminaron, nos preparamos para regresar. Allí en el Mall estuvimos casi cuatro horas.

Había mucho tráfico y le sacamos la vuelta por Sunset boulevard. Divise una gasolinera, llené el tanque sabiendo que andaríamos en carretera al siguiente día. Luego, más allá, todavía por Sunset, encontramos lugares para cenar pero fue difícil ponernos de acuerdo (otra vez, ¡chingao!»). Los Tacos Gavilán, «¿tacos mexicanos en EE.UU.? No gracias – dijo Raúl. ¿Burger King? Nadie quería cenar hamburguesas, pero Adrián y su novia escogieron ese lugar y se separaron del grupo. Ahí me cayó la idea de que eso debiéramos hacer siempre: que cada quien coma por su cuenta. Yo me acerque a ver comida griega. Nick The Greek ofrecía unos gyros de ternera, bistec o pollo en souvlaki. Allí cenamos y fue lo más delicioso que comí ese dia.

Vamos al Ross

Ahí donde estacioné el Mazda estaba un Ross en barata. Entramos y nos pusimos a escoger ropa. Primero, yo solo observaba. Cuando vi las prendas que seleccionó Raúl, de muy buen gusto y buena calidad, me acerque y empecé a buscar prendas para mí. Al final, todos salimos al menos con una o dos prendas. ¿A quien le interesa ir al Ross de Sunset Boulevard? Je, je.

Llegamos al hotel algo tarde, listos para dormir. Los chicos se quedaron en el lobby tomando unas bebidas hasta avanzada la noche sabiendo que al siguiente día saldríamos a carretera. Las Vegas nos esperaba.

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