Vacaciones 2023

Diciembre 29.

Nora amaneció menos enferma, al menos su garganta ya no la martiriza, el dolor ha cedido. Me dio gusto saberlo pues eso significa que iremos todos juntos a nuestra visita a Estudios Universal.

Llegamos a las 9:30 AM, nuestras entradas estaban marcadas a las 10:00 AM. Compré los boletos por aplicación (GetYourGuide) y tuve un cierto temor de que me hubieran timado. Afortunadamente entramos sin problema después de pasar por una revisión: está prohibido entrar con armas y comida. Es más probable que las madres lleven comida en sus bolsas, que los padres armas.

Luego, luego entrando, nos tomamos la foto acostumbrada frente a la bola con la leyenda «Universal Studios». Todos tienen una, ahora nosotros también. Me pregunto por qué no nos tomamos una foto familiar…

Empezamos a caminar al interior, hice la pregunta “¿por donde empezamos? Yo me encargué de arreglar las entradas, pero no tuve el tiempo para trazar un recorrido efectivo. Raúl se había encargado de eso y lo propuso cuando íbamos en camino, pero nadie lo escuchamos. Esta vez volvió a proponerlo pero pasó lo mismo, nadie en el grupo se decidía a votar favorablemente o expresar su opinión. Cuando nadie contestó le propuse que empezara a caminar para los demás seguir detrás de él.

El parque es tan extenso que lo más prudente, para un día, es escoger tres o cuatro temas y dos o tres juegos para poder aprovechar el boleto.

The Wizarding World

Entramos al Wizarding World of Harry Potter. La entrada es un gran arco medieval que ostenta un pendón anunciando Hogsmeade, famoso en la novela por sus tiendas para magos y hechiceros. Caminamos por sus calles empedradas admirando la típica arquitectura mostrada en las películas. En una explanada, una puerta bufaba a la vez que dejaba escapar un humo blanco en respuesta a los hechizos que un pequeño lanzaba con la varita que compró en Ollivanders. En la gran tienda de dulces encontré dulce de cera de oído; no compré nada, tuve suficiente con ver, aunque me quede con ganas de una varita. La de Voldemort, por supuesto.

“¿A que juegos nos vamos a subir?”, pregunté. Las filas para los juegos eran largas. Raúl había leído que la mejor estrategia era empezar desde el último tema hacia el primero, pues cuando el parque abre sus puertas, todo mundo inicia en las primeras atracciones. Nuevamente, nadie opinaba, nadie sugería, todos permanecían callados y viéndose entre sí. “O.K., no perdamos tiempo.” Sin pensarlo más me dirigí hacia la pequeña montaña rusa del Hipogrifo. Los demás me siguieron y estuvimos en fila por más de una hora. Cuando llegó nuestro turno pudimos disfrutar el corto juego tan solo cinco minutos. Estaríamos decepcionados pero fue divertido y nos quedamos con ganas de subir de nuevo; la fila era aún más larga que cuando empezamos. Mejor seguimos caminando.No pasaron ni cinco minutos cuando escuché la insensata sugerencia…»Como que ya hace hambre, ¿No creen?»

Krusty Burger

Estuve de acuerdo y pregunté, ¿Que se les antoja? De nuevo ese silencio extraño. Nadie respondió. Estábamos frente al Krusty Burger, «entremos aquí -dije-, si nadie opina yo decido.» Entramos, como en cualquier lugar dentro del parque, tuvimos que hacer fila. No esperamos mucho, una cajera que estuvo inactiva por varios minutos, de pronto resumió actividades y nos llamo. Pedimos, y mientras preparaban nuestra orden fuimos a buscar donde sentarnos.

Escape del Indominus Rex

Entramos a Jurasic World, corrimos a hacer fila. Después de hora y media ya estábamos sobre unas balsas. Haríamos una incursión por un río subterráneo en busca de aventuras. Nada era sorprendente, si acaso el hecho de que se siente uno inmerso en la película justo en el momento en que el Indominus Rex escapaba de su jaula. Más adelante se aparece frente a los pasajeros y se inclina hacia ellos mostrando sus filosas falanges amenazando con tragarlos vivos. El final del recorrido simula la veloz huida y sale del río hacia una pendiente tan inclinada que creo que eso es lo más escalofriante del paseo. Al final termina uno empapado, pero divertido. Siete minutos tarda el paseo.

¿Que pose es esa, Bumblebee?

Seguimos caminando y nos topamos con la sesión de fotos con Optimus Prime y Bumblebee de la película Transformers. De hecho, a lo largo del recorrido encuentra uno a los personajes dando la oportunidad a los visitantes a tomarse fotos con ellos, sin costo. La única desventaja -y se entiende- es que tienen el tiempo contado y solo una pequeña parte de los interesados tienen acceso. Tuvimos suerte de llegar a tiempo. Nos formamos y esperamos pacientemente nuestro turno; éramos Nora, Mario, Raúl y yo. Mientras hacíamos fila, sugerí que sería buena idea posar como Nacho Libre. Le pareció una ridícula idea, entonces dije, «yo sí lo haré». «¡Eres capaz!», exclamaron al unísono.

Llegó nuestro momento. Un marine tomo nuestro dispositivo listo para tomar la foto. Y ahí estaba yo empezando a hacer mis desfiguros. Tomé la famosa posición de Nacho aventando las nalgas hacia atrás, descansando mi brazo sobre el hombro de Nora y volteando hacia el público con aquella mirada de galán. La gente reía, y tomaba fotos. -¿A quien le interesa una foto de un extraño posando?-. Optimus se mostró extrañado y confundido, voltea a ver a su compañero y le pregunta con aquel ánimo de ridiculizarme: ¿Que pose está haciendo el padre, Bumblebee?

Super Nintendo World

Nos dirigimos al mundo de Mario Bros y en el camino nos topamos con Fiona y Sreck que pasaban saludando en su turno hacia las sesiones de fotos. Iban a paso algo veloz y, para cuando saqué mi celular para tomar vídeo, ya se había ido. Los demás si lograron captarlos. Esa Fiona estaba bonita aún cuando tenia cierta similitud con la del cuento.

La entrada al Súper Nintendo World estaba conglomerada. “Algo bueno debe estar pasando allí adentro”, pensé.

Justo al entrar, lo primero que llama o atención son las plantas carnívoras acechando allá en lo alto. El lugar es una total inmersión al ambiente del juego, es divertido, pero lo es más para los que compran el brazalete interactivo. Con el brazalete tienes acceso a un buen número de inmersiones al juego incluida la colección de monedas, la interacción con los personajes, etc. Nosotros nos limitamos a admirar el ambiente y disfrutar lo que pudimos sin gastar más. El lugar es como un pozo en donde el clima frío encrudeció al grado que hubo necesidad de abrigarnos más. En la tienda todo se te antoja, todo quieres comprar. El comprador sensato (Raul) primero se pregunta: ¿me gusta? Si, ¿lo puedo pagar? Si. ¿Lo voy a usar? No. Entonces no lo compro. Yo quería un gorro de honguito. Me hice las tres preguntas y a todas respondí SI, pero cuando vi el precio, me rajé. ¡45 dólares por un gorro! Además, solo lo iba a usar allí, y en el aeropuerto -solo para que mis hijos dijeran:”No lo conozco.”

Cerramos la noche en Whoville con Grinch

El dia fue en extremo divertido y estaba llegando a su fin. Cerca de las ocho de la noche un mar de gente empezó a caminar hacia la salida. Yo sentí que no habíamos aprovechado nuestra visita al máximo. Seguimos a la multitud y de pronto perdimos al grupo. Nora y yo por poco nos perdemos uno al otro. En el ultimo momento de nuestra visita al parque, creo que cada quien quizo aprovecharlo a su manera.

En una plaza cercana escuché musica navideña. Heché un vistazo y que diviso a la gente de Whoville. Me acerqué justo cuando el Grinch hacá su espectacular aparición; la música y el ambiente me invitaron a quedarme. Perdí el pendiente de saber donde estarían los demás. Cuando terminó el show, las luces permanecieron apagadas por un buen rato, escarcha y lucecitas multicolor caían sobre mi. Luego me di cuenta que el Grinch estaba dando sesión de fotos. Nora se acercó a mi y ambos observamos que Raúl, Adrián y su novia, ya hacían fila para obtener su foto. La fila era larguísima y luego el Grinch se tardaba mucho con cada grupo. El Grinch se mostró displiciente, malvado y a la vez gracioso y divertido. Sus poses le daban a las fotos un valor incalculable pues lo identificaban perfectamente con la película. El show de Whoville inicio de nuevo y la sesión de fotos se suspendió. La gente no se movió para no perder su turno. Nora y yo nos sentamos a ver el show, ahora sí completo.

La temperatura descendió drásticamente en pocos minutos. Yo creo que estaba el clima por debajo de cero grados, yo temblaba aun cuando traía una hoody y my chamarra de pluma sintetica, bufanda y gorro. No pude más y necesité comparme un chocolate caliente, y de pasada unos churros. Los churros son populares en Los Angeles, nos dimos cuenta.

Pues se acabó el espectáculo nuevamente y el Grinch fué a atender a sus fans. Allí nos quedamos obervando hasta que fue el turno de mis hijos. En ese momento pude observar reminiscencias de su etapa infantil y el gran deseo reprimido de mis hijos de tener una experiencia como esa. Raúl, Adrian y su novia tuvieron su turno y el Grinch les dedicó un largo espacio, una foto asi, otra asá, el video, ahora saludos. Bueno…

Raúl corrió como un niño emocionado a abrazar al personaje, olvidando que ya era un adulto. El mendigo Grinch se hace para atrás como diciendo «yo no abrazo hombres.» Raúl decepcionado cruzó los brazos y se hizo para atrás. Eso conmovió al Grinch y se acercó a abrazarlo tiernamente. Luego se acercó Adrián y posaron juntos, pero al momento que se les tomaba la foto, el desgraciado Grinch les tapó el rostro a ambos. Al final si obtuvieron su foto juntos los tres.

Foto con Grinch

El rostro de mis hijos, iluminados por la gran emoción del momento fué el alimento mas nutritivo de nuestra visita en los Estudios Universal.

Tengo Hambre

El dia se habia terminado para nosotros. Salimos del parque y caminamos el largo trecho de regreso a nuestro vehiculo. Ni tan largo, de hecho pagamos cincuenta dolares para estar lo mas cerca posible. Adrían puso el Waze y le dimos de regreso al Westin Bonaventure.

Yo dije, llegamos, vamos al seven-eleven por golosinas y nos vamos a dormir. Nada…Desde atrás del auto se escuchó una vocecita «tengo hambre.»

Pues reconfiguraron el Waze para encontrar una pizzeria cercana y le dimos para allá. Cuando estábamos llegando al lugar, las calles se ponian mas oscuras conforme avanzábamos, indigentes cubiertos con bolsas de hule y cartón yacían en sus refugios sobre las aceras de las oscuras callejuelas. Empecé a temer por nosotros.

El Waze indicaba que habíamos entrado al distrito de las artes y divisamos el lugar a la distancia; un anuncio luminoso decia PIZZANISTA! Era una bodega acondicionada como pizzería y los empleados parecían latinos. De hecho, la ambientación era de música mexicana. Pues entramos y no había lugar. «Pues vamos a otro lado» – sugirió alguien. Yo no estuve de acuerdo pues vi que la barra que daba a la calle estaba libre. «Ordenen y que nos sirvan aqui» dije a la vez que me sentaba en un banco alto. Los demás tomaron su lugar.

Raúl se quedó ordenando y pagó. Cuando se acercó a nosotros dijo «están caras, le va a tocar a cada quien comprar su bebida.» Adrián y Mario compraron cerveza, Nora y yo no pedimos nada. Se desocupó una mesa y nos movimos para allá. Cupimos muy bien, apretaditos, pero bien. Oye, que llegan las pizzas. ¡Qué pizzas tan grandes, y que sabrosas! Fue una experiencia diferente de sabor, ingredientes y textura del pan. Nada que ver con las Little Caesars. Nos hartamos a mas no poder y aun asi sobró un buen trozo grande que nos lo llevamos al hotel. Yo sabía que una cucaracha se la comeria durante la noche.

Llegamos al hotel cada quien directo a su habitación. Habiamos aprovechado el dia al maximo y caimos rendidos, ni ganas de bañarnos o ver la television ni usar el smartphone (bueno, Nora si). Nos acostamos y quedamos como muertos, sin preocupación por el mañana. Ya Dios dirá.

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