Es mejor no arriesgarnos, ni arriesgar a nuestros clientes.

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Esta es una nota corta para registrar que, de alguna forma, mi institnto de conservación funciona de maneras extrañas y eficientes.

Resulta que a tres meses de realizarse la 35ava exposición internacional minera en Acapulco durante la semana de octubre 23, 2023, mi supervisora me pidió que agilizara los planes para mi viaje y que, para fondearlo, organizara una pequeña delegación de empresas proveedoras mineras estadounidenses. Generalmente, este evento en particular siempre me llena de excitación por la gran cantidad de contactos de negocios que puedo agrupar en los cinco dias que se lleva a cabo. Esta vez, sin embargo, me daba flojera solo de pensar en ir. Algo me desanimaba y no lograba identificar qué era.

Aunque ya tenía una lista de clientes para invitar al viaje, instintivamente me dediqué a leer las noticias de Acapulco. Todo marchaba bien para las actividades de negocios y no había nada que pudiera utilizar como pretexto para cancelar mi viaje hasta que, una semana en particular, los diarios multiplicaron sus notas rojas. Decenas de asesinatos dentro y en las afueras de la ciudad eran reportados a diario. ¡Esa era mi oportunidad!

Con esos datos, advertí a mi supervisora del riesgo y le recomendé que «es mejor no arriesgarnos ni arriesgar a nuestros clientes». Además, con esos antecedentes, el departamento de seguridad tendría dificultad para aprobar mi viaje. Típicamente, primero intentamos todos antes de desistir, esta vez desistimos primero.

Mi supervisora estuvo de acuerdo. Mis clientes empezaron a llamarme para prpogramar su participación y luego, cuando les informé de la cancelación, me agradecieron por la advertencia.

Pues asi y todo, la expo se llevó a cabo teniendo un lleno total en piso de exhibición. Los organizadores esperaban una oleada de vistantes de alrededor de 10 mil, los hoteles se llenaron a su capacidad y todos contentos hacoiendo negocios. Nadie esperaba lo que pasaría la noche del 24 de octubre.

Ya se había advertido de la posible entrada del huracán Otis al puerto de Acapulco, pero no se implmentaron más medidas de seguridad que las de rutina, en función de la intensidad que al inicio rayaba en grado 2. Por lo mismo la gente solo se guareció en sus habitaciones pensndo que la lluvia pronto pasaría. Lo que pasó fué que cuando Otis tocó tierrra, su intensidad se incrementó rápidamentes hasta grado 5. Palmeras, botes, lanchas y basura fueron levantadas e impactadas contra las habitaciones de hotel y residencias. El caos surgió y perduró hasta la llegada del ojo del huracán, cuado todo guardó calma momentánea. Luego, la otra orilla del huracán continuó violentado la ciudad y su infraestructura hasta que perdió fuerza poco después del amanacer. Las primeras imágenes del desastre fueron cmopartidasd en X por los turistas, fué una total devastación.

El que yo haya tenido pocos deseos de ir este año a la feria es raro por demás. Se lo atribuyo más a una premonición. ¿Ustedes qué piensan?


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