Las mujeres de mi familia paterna son muy longevas. Hasta donde recuerdo, ninguna ha fallecido antes de los noventa años.

Muere la tía Armandina.

La historia de la vida de la tía Armandina Vidaña Guzmán es, desde mi perspectiva, muy corta, a pesar de que parte cumpliendo noventa y seis años.

Mi primer recuerdo de ella está relacionado con otra muerte, en ese caso, de mi tío José Arreola. Tiempo aquél en que nos era prohibido proferir sandeces, so pena de una santa cueriza. Debió ser por allá de 1967. En ese tiempo Mandina, como le decíamos, era una mujer robusta de carácter fuerte y estricto. Sus manos asperas eran efecto del arduo trabajo de encargarse de todo el clan. Estando en casa vestía siempre de bata. Para esas fechas, el más pequeño de sus hijos era Mario que empezaba a caminar.

Pasaron los años y la volví a ver en 1976. La vida la trataba mucho mejor. Su esposo Din Manuel Treviño era dueño y manejaba el restaurante San Benito. Este lugar especializado en cabrito al pastor estaba localizado sobre la avenida Madero entre Diego de Montemayor y J.G. Leal. Les iba bien, a nosotros mal. Don Manuel lo sabía y siempre procuraba que al menos tuviéramos algo de cabrito para comer. Mandina se había convertido en una señora de Sociedad. Su familia había crecido aún mas: tres niñas que no conocía antes. Chema y Armando fueron mis amigos y guías en ese tiempo.

Mandina, había adquirido una nueva personalidad. Seguía siendo estricta, pero sus manos estaban mejor cuidadas ahora y vestía ropas finas. Su mirada había ganado cierta altivez que la alejaba de nosotros sus sobrinos pobres. Las más pequeñas de sus hijas habían copiado esa forma de ser. O quizá nosotros, sus primos no entendimos su negra actitud. Fue desde entonces que Mandina adquirió modos de mujer refinada. Su manera de sentarse a platicar era muy característica. Sus piernas cruzadas y ligeramente inclinadas a uno de sus lados, sus manos sobre el regazo, una sobre la otra. La cabeza levantada, el torso recto y la mirada arriba de nuestras cabezas. Parecía una reyna.

A la muerte de Don Manuel, los hijos manejaron el restaurante y se hicieron de otros más. Enriquecieron. En ese estatus, los hijos se casaron y tuvieron hijos. Una mala jugada de los empleados los dejó sin negocios y sin dinero. Volvieron a verse apurados. Se refugiaron en nuestra madre María y por ello pudieron sobrellevar la desgracia. Nada doblegó a Mandina. Y fue ella quien se encargó de mantener unida a su familia. En otro tiempo , fue ella quien me hizo ver que los hombres llevamos una gran carga sobre los hombros porque debemos ser esposos, padres y proveedores, y eso dura toda la vida. «También habemos mujeres a las que nos toca ese papel», me dijo una vez.

A pesar de vivir en la misma ciudad, no fuimos familiares adeptos de vernos con frecuencia. Menos aún cuando la familia creció al grado que ella misma no conocía a sus bisnietos.

Empezó a envejecer. Vio a sus hermanos mayores morir y también a sus hermanos menores. Ahora ella parte para reunirse con ellos y con sus padres, para vivir el privilegio de la vida eterna que Dios da a sus hijos predilectos. QEPD.

MARÍA ARMANDINA VIDAÑA GUZMÁN (1927 – 2023)

Con la muerte de Armandina termina el tronco familiar de los Vidaña Guzmán. El apellido Vidaña se perpetua en la descendencia Vidaña-Renteria y Vidaña-Jiménez.

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