Hoy me desperté tarde, aun no me repongo de la friega de estar en una feria atendiendo docenas de personas y todos los eventos a los que fui requerido. No queria despertar, pero la luz del dia que entra por mi ventana es cruel conmigo. No me percate de la fecha; sali al trabajo como cualquier otro día. Subí al auto, encendí la radio e inicie mi trayecto hacia la oficina. El noticiero reportaba información acerca de la tragedia en Türkiye y el caso Genaro Garcia Luna, yo escuchaba atento, pero mi mente trataba de decirme algo desde la tornamesa en mi cerebro que tocaba «Vuelveme a Querer».
Aparqué mi auto en el lugar acostumbrado dentro del estacionamiento de visitantes. Sali y camine hacia mi oficina. Mi camino hacia alla pasa por la caseta de guardias donde deslizo mi identificación para acceder al interior. Todavía, mas allá, camino por una vereda bordeada por anacahuitas, bugambilias y colorines, algunos reverdeciendo, otros secos y tristes aún. La cancion que daba vueltas en mi mente comenzó a salir por mi boca. Aún no me daba cuenta de la fecha.
Entré al edificio, cantando. El personal de limpieza me regalaba una sonrisa curiosa. Cuando subí al elevador subi el volumen, al cabo nadie me escuchaba. Llegué al tercer piso y camine por el largo corredor hacia la cocineta para guardar mi almuerzo en la nevera.
«…no me destruyas, ven aqui a decir cómo se vive con el frío en el alma, por no saber mas de ti…»
Alguien entró detras de mi y exclamó:
«¡Ay, Mario! Tu vives enamorado y yo tan sola en este Dia del Amor. Ni modo, me aguanto.»
Era Crissy, la chica de los vestidos hermosos y elegantes. Dias anteriores me habia contado que a veces traía canciones en la mente que batallaba para sacarlas de alli. Le expliqué que ese dia yo pasaba por lo mismo. Alli me di cuenta.
«¡Dia del amor! Es verdad, hoy es ese dia, de nuevo.
«Si, y por lo visto, tu ya lo festejaste desde temprano -dijo-, ¡Que delicia! Y es que el dia se antoja para estar con alguien todo el día haciendo el amor; quien me manda estar divorciada, ¿Verdad?
«Cierto, pero hay que trabajar», respondí sin darme cuenta del mensaje oculto.





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