7.ene. 2023. 

Todos nos despertamos tarde, para eso son las vacaciones, ¿cierto? Eran cerca de las 10:00 AM, el hotel pedía dejar la habitación a las 11:30 AM. Fui a la habitación de los chicos para apresurarlos: «no se bañen», recomendé. 

«Nos bañamos de volada», prometió Adrián en su afán por su limpieza personal. Y ahí estábamos, esperando a que el niño terminara.

Para la hora de salida, Nora y yo ya estábamos listos con la maleta y todo. Dejamos la habitación; desde el corredor observamos que a mis hijos les faltaba tiempo. Esperamos un poco y luego de no ver el avance nos desesperamos y bajamos al lobby para iniciar el «check-out».

Minutos después ya estábamos todos en camino.

Era casi el mediodía así que anuncié con un tono terminante, «no habrá desayuno, se aguantan».

De parar a desayunar en algún lugar estaríamos en carretera ya muy tarde para llegar a McAllen y hacer lo que habíamos planeado: visitar a los Hinojosa. 

Tomé la carretera 44 hacia Robstown, pasando por ahí reconocimos el lugar donde habíamos cenado la noche anterior; luego tomé la 77 hasta Kingsville; les mostré a mis hijos la University of Texas donde inicié una maestría en ingeneiría electromecánica que trunqué porque se me metió la idea de casarme. 

Unos minutos después de pasar Kingsville tomé la carretara 281 en Falfurrias. Ya estábamos a un hora de McAllen. 

Llegamos a McAllen. Pasamos a visitar a Melo y Chube. Iba a ser como una visita de doctor: saludar, ver que estaban bien y despedirnos. 

Cuando llegamos a la casa de Melo en el pueblo de Anton, no encontramos a nadie. Nos preocupamos pues sabíamos que Melo andaba algo enfermo. Nora llamó varias veces a su tía sin obtener respuesta. Quedamos preocupados, pero sabiendo que no había nada que pudiéramos hacer, subimos de nuevo al auto y continuamos nuestro viaje; esta vez hacia Reynosa. 

Cruzamos la frontera hacia Mexico. El auto empezó a brincotear respondiendo al cambio de calidad en el pavimento. «Reynosa nunca se va a componer», pensé. Agarré rumbo al centro para llegar a la Bravo la cual lleva hasta el Boulevard Hidalgo, vire hacia el sur hasta la calle Río Sabinas donde los abuelos ya nos esperaban para comer.

«Que como están, como les fue, siéntense a comer, bueno que les vaya bien»

Esa también fue una parada programada para saludar y estar solo un rato con ellos. 

Para eso de las 6:00 PM ya estábamos conduciendo por la autopista 40 rumbo a Monterrey. Todos mudos, somnolientos; unos quizá repasando sus vivencias de los días anteriores, otros quizá renegando que el siguiente lunes habría que retornar al trabajo. En lo que para nosotros pareció un instante, las vacaciones habían terminado.

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