Photo by JOSE GIL on Pexels.com

4.enero.2023

Desperté con la inquietud de visitar el panteón de San Fernando, la última morada de mi tía bisabuela Manuela Vidaña. Meses atrás me había comunicado con el administrador quien me lo confirmó e incluso me proporcionó el lugar exacto de la tumba. Tenía que ir y revisar el estado de esta. Mario me acompañó. Eran las 8:00 AM cuando llegamos, allí conocí al administrador en persona y pidió a alguien me guiara hasta el lugar.

No encontramos tumba alguna. El guía removió la yesca y tierra del lugar tratando de encontrar lo que llamó el marcador. Lo encontró y me recomendó que mandara a hacer una «tumbstome», o lápida, algo que solo me costaría entre quinientos y mil dólares. Cuando vió la cara que puse, agregó, «bueno, y si no tiene dinero, ppuede comprar un identificador por cincuenta.» Eso fué lo que hice. Lo dejé pagadoy el administrador me prometió enviarme fotografía cuando esta estuviera colocada. Contentos con nuestra buena obra, regresamos al hotel.

El domingo en San Antonio fue cultural. Empezamos nuestro dia en la antigua misión de El Álamo. Compré entradas con guía virtual y nos dirigimos a la entrada principal. ¿Quién no conoce el Álamo? Si no se ha visitado el lugar, al menos se le ha visto en los libros de historia y reconocen la sencilla fachada del edificio de dos plantas construida en sillar. Desde el frente se aprecian sus cinco únicas ventanas, un portal de madera enmarcado por cuatro estípites (columnas) laterales que sostienen un alero horizontal. En medio de cada una de las columnas de abajo se observa un nicho y otros dos arriba flanqueando la ventana principal. La parte alta de la construcción termina en una espadaña simple escalonada curvada a los lados, y circular en el ápice. El marco del gran portón de madera -seguramente de encino-, se sujeta a las jambas que sostienen un arco y una clave falsas.

Entramos cada uno a su paso y su ruta, encedimos nuestro guía e iniciamos el recorrido. Es mucho que ver, leer y escuchar para un solo día. Raúl hizo el recorrido completo. Yo ocupé el mayor tiempo en la descripción de la batalla y los combatientes.

La forma en que los historiadores de El Álamo describen se asemeja a la épica batalla de Termopilas: un reducido número de hombres peleando con fiereza a un ejército entero. En esta ocasión no era el ejército Persa sino el ejército mexicano que arrasó con los indefensos texanos y se llevaron el triunfo. Un desafortunado triunfo, pues meses después, los soldados norteamericanos hacían lo mismo con los soldados mexicanos en la llamada guerra mexico-estodounidense. Su bravura se intensificaba al grito de ¨remember the Alamo¨ y asi perdimos gran parte del norte de la república.

Saliendo de El Álamo nos fuimos a caminar nuevamente al Riverwalk, esta vez más concurrido. Era la hora de comer y en nuestro avance mirábamos alrededor buscando dónde comer. Encontramos un lugar que mostraba un lugar de comida mexicana -no había más que comer en ese antiguo pueblo mexicano: El Café Olé. Cuando recibí la cuenta compare la suma con la cena de «lujo» del dia anterior y se me cayó la quijada. Es más caro comer en el río que fuera de el.

Después de comer seguimos caminando. Entramos al mall, hicimos algunas compras, curioseamos. Un hombre sacó a pasear a su mascota, una pitón amarilla a la que los paseantes sorprendidos se paraban a acariciar y cargar. El hombre se los permitía mientras explicaba acerca de su especie, alimento, hábitos. Debía cobrar, la gente también se tomaba fotos con el vípérido.

El anochecer se acercaba y aún había que detenernos a disfrutar de un espectáculo interectivo de luz y sonido. El Hopscotch de la calle Travis ofrece una experiencia inmersiva diferente. En el recorrido de luz te encuentras varias salas en donde el visitante puede convertir su propia imagen en música, figuras psicodélicas y secuencias de movimiento como cuando ves imágenes en cámara lenta. ¡Maravilloso! Nora y yo nos cansamos pronto y fuimos a sentarnos, los chicos si hicieron el recorrido completo.

Oscureció, caminamos al aparcamiento, uno de esos que pagas tu cuota por internet solo te piden tus placas. Si, otros quinientos pesos.

Deja un comentario

Tendencias