Dia 1. El viaje de ida.
Bitácora de nuestro viaje de vacaciones de fin de año a Houston, diciembre 2022.
30.dic.2022
Salimos de Monterrey lo mas temprano posible para pasar cuanto antes la frontera. Tampoco hicimos paradas en el camino para no perder tiempo. Salimos de Monterrey a las 6:30 AM y llegamos al puente internacional Anzaldúas, en Reynosa a eso de las 9:12 AM. Tocó nuestro turno en inmigración poco más de un hora después; por suerte, sólo ocupamos unos treinta minutos solicitando el permiso I-94 para internarnos mas allá de 30 millas en territorio estadounidense. Al terminar, ya tranquilos de que todo estaba en orden para iniciar el trayecto hacia Houston, decidimos ir a desayunar algo rápido antes de partir.
Sale uno del puente internacional Anzaldúas del lado estadounidense en Mission, directamente sobre la carretera 83; era la primera vez que cruzábamos por ahi. Nos habían contado historias de terror de salteadores de camino, afortunadamente pasamos sin contratiempo. Una tres millas adelante nos percatamos de estar cercanos al Simon Mall. Vimos un McDonald’s a la izquierda y un Burger King más allá. Pregunté a mis acompañantes, dándoles a elegir dónde comer, pero nadie se decidió.
«Si, aquí en McDonald’s para pedir un desayuno. No se si vendan desayunos en Burger King».
«Deben de vender, pero mejor vamos a Burger King».
«Bueno, decidan», los apresuré pidiendo una determinacón.
El semáforo estaba en rojo, pero pronto cambiaría. Unos querian un lado, otros el otro. Una griteria confusa invadió el interior del auto. En ese momento se da uno cuenta que, en un viaje fmiliar, la democracia no funciona. Avancé y me metí a McDonald’s. Al fin y al cabo yo queria un McMuffin breakfast. Como ya era casi el mediodía pues ya no había desayunos. Ordené unos deliciosos nuggets y los demás unas miserables hamburguesas. Si, miserables. Tan solo la hamburguesa de doble carne que pidió Adrián tenía menos sustancia que mis nuggets.
Después de conseguir mi café latte en Starbucks tomamos la carretera 83 al este. Esta vez, con Adrián al volante. Me afiance a mi asiento por cerca de dos horas mientras él conducía, no porque lo haga mal, sino porque va haciendo varias cosas a la vez.
Llegamos a Kemah a las 7:15 PM. El lugar está lleno de restaurantes, bares y actividades para disfrutar el mar. Y nuestra residencia, muy linda y acogedora. Estábamos cansados y hambrientos, buscamos un sitio para comer y nos dirigimos hacia el Mario’s Pizza & Pasta a cinco minutos en auto.
El lugar estaba muy concurrido, familias y grupos de amigos generaban un ambiente ruidoso con su parloteo. Nos atendió Eva, una güerita joven y agradable. Nos extendió el menú y se retiró mientras decidíamos. Al final, ordenamos pizza y pasta preparadas a nuestro gusto. Fue la pizza más sabrosa que había probado hasta entonces, y la más cara también.
‘Papá, ¿Si te diste cuenta que cada ingrediente que agregabas se te cobraba aparte?», advirtió Raúl.
Alli estuvimos comiendo y charlando. La temperatura ambiente no era cálida, pero observamos que Adrián sudaba copiosamente. Cuando le preguntamos si estaba bien, se molestó y aclaró,
«No es sudor, es grasa facial.»
El dermatologo le habia dicho que era parte de su desarrollo normal, un efecto hormonal, Al darnos cuenta de que para él era algo que le incomodaba, lo molestamos con bromas hasta que fue tiempo de pedir la cuenta. Dos pizzas medianas con ingredientes al gusto, $12 dólares; un plato de espagueti con «pelotas», $17 dólares, mas bebidas, todo por el cómodo precio de $1,700 pesos. Cuando consultamos el recibo observamos que las bebidas costaban nueve dólares cada una.
«¡OLV, —exclamó Adrián—, doscientos pesos por una Coca Cola!»
A Eva, la mesera, que fue muy paciente con nosotros, le dejamos una grandiosa propina de siete dolares. Al salir, ella se quedo al fondo, observándonos, como diciendo: «¡pinches codos!».
Al regresar al AirBnB todos fuimos a dormir.





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