Hoy, diciembre 19, dimos el último adiós a nuestro héroe canino: Kn'n. QDEP.
No fue fácil aceptar que la eutanasia era lo mas adecuado, pero el perrito se deterioró en muy poco tiempo y su estado ya era de calidad ni para el, ni para nosotros. Se había convertido de nuevo en un cachorrito que necesitaba atención especial. Mario se encargó de darle toda la atención y cuidados hasta que ya no fue suficiente para mantenerlo sano. Todos fuimos a despedirnos de el. No podía vernos ya, no se sostenía sobre sus débiles patas. Sujetando su cabeza, cada quien se despidió a su manera.
El Adiós de Mario

Mario se encargó de alimentarlo y de llevarlo regularmente al veterinario. El fue quien tuvo la responsabilidad de la decisión de dormir al perrito. Se guardó la angustia y el dolor, pero lo expresó con esta publicación en las historias de Facebook.
De Cómo Lo Sintió Raúl
Raúl asistió a la clínica veterinaria y acompañó a Mario hasta que el perrito cerró sus ojos. «Le aplicaron la sustancia -me dijo-. Unos minutos después se posó sobre sus patas y cerró sus ojos poco a poco». Durante la noche, Raúl escribió en su cuenta de Facebook.
Les voy a contar una historia.
Hace 17 años, a mis 12, hablé con mis papás sobre la existencia de Santa Clos y les confesé con lágrimas que sabía que eran ellos y que tenía la evidencia. Sabía que ese juego de Pokemon para gameboy que me encontré en el bolso de mi mamá a los 9 años y que curiosamente terminó debajo del pino de navidad a la mañana siguiente era demasiado conveniente. Sabía que la cajuela llena de todos los juguetes que le pedí a Santa Clos no estabab ahi por mera casualidad. Yo sabía la verdad y con lágrimas admití saberlo todo.
Como hermano mayor, tenía otros dos hermanos menores que aún creían plenamente en Santa. Como hermano mayor, siempre te toca saber la verdad oscura y proteger a tus hermanitos de la cruda realidad. Al menos así lo veía en ese entonces, especificamente hablando de Santa Claus.
Fue entonces, hace 16 años, que mi hermano más chico decidió pedirle a Santa un perrito. Un terrier o un bulldog, especificó en su carta. Claramente no teníamos el presupuesto para comprar un terrier ni mucho menos un bulldog, pero claro que podíamos conseguir un perrito.
Mi mamá llegó una fría tarde de invierno a pedirme ayuda. «Encontré el regalo de Mayin, pero necesito que me ayudes a esconderlo». Yo, claramente confundido, le pregunté: ¿Esconder qué cosa?
Minutos más tarde, salimos rumbo a una plaza, no recuerdo cual, y nos metimos a una de las tiendas donde vendían productos para mascotas. En esta tienda había una jaula grande con varios cachorritos dentro. Todos eran super adorables y hermosos. Había uno negro, uno blanco, uno combinado, uno marrón, todos jugetones y con ganas de vivir toda la vida que tenían por delante.
Sobre esa jaula había otra jaula donde estaba un cachorrito. Solo. Estaba sentado viendo hacia el transitado pasillo, mirando mil personas caminar de un lado a otro. No sabemos cuanto tiempo estuvo ahí, ni tampoco si había estado solo todo ese rato, pero una simple mirada a sus ojitos confundidos fue suficiente para enamorarnos.
Cual fue nuestra sorpresa (y a partir de ese momento un detalle que nos pareció muy gracioso) al descubrir que estaba en descuento. Nuestro propio perrito chihuahua cabeza de venado a 70% de descuento.
Ya teniendo al perrito en nuestras manos, mi mamá me pidió esconderlo de mis hermanos hasta que oscureciera… eran las dos de la tarde. Quería que escondiera a un cachorrito juguetón y ruidoso por 8 horas siendo que mis hermanos se la pasaban conmigo jugando videojuegos y saltando por todos lados.
Recuerdo que cuando llegué a la casa, escondí al perrito en la bolsa de mi sudadera y me metí al baño diciendo que tenía ganas de ir… y me senté en la tasa por una hora completa. El perrito me veía desde mi regazo, y yo lo veía a el. Me movía la cola y quería lamerme la cara. Yo quería jugar con él pero debía mantenerme en calma para evitar que mis hermanos escucharan sus pequeños lloriqueos de cachorrito.
Al pasar la hora, salí del baño, subí a mi cuarto, cerré la puerta y me puse en la cama con el perro. Me senté cruzado de piernas y coloqué al cachorrito en mi entrepierna de tal forma que estuviera seguro y durmiendo. Esa fue mi vida por las próximas 8 hrs mientras escribía una carta a nombre de Santa Clos explicándole a mi hermano que tenía que cuidarlo mucho y darle muchísimo amor. Mientras hacía esto, mi mamá tejía el primer atuendo del perro: un collar de cascabeles de duende.
El plan era el siguiente: al caer la noche, bajaría con el perro, le pondríamos su collar de cascabel, la carta la colocaríamos en el pino y dejaríamos al perrito solo. En cuestión de minutos el perrito empezaría a buscarnos y a hacer ruido con los cascabeles. Ruido que mis hermanos escucharían, los insitaría a investigar y encontrarse con el nuevo miembro de la familia.
Esa noche recibimos, gracias a un milagro navideño, a un nuevo integrante en la familia: Snoopy.
Eventualmente, Snoopy tendría su apodo oficial: Knn. Un nombre inpronunciable que sólo algunos pocos pudieron decir correctamente. Fue nuestro dolor de cabeza más grande. Nunca aprendió a avisarnos para ir al baño. Jamás entendió que no debía subirse a los muebles. En su vida evitó comerse el plato de comida de Lili entero a pesar de tener su propio plato con comida. Siempre tomaba diez litros de agua y los vomitaba a los pocos segundos. Roncaba con la intensidad de un motor de la F1 y, por más que lo bañaramos y procuraramos su higiene, lograba oler horrible en cuestión de segundos.
Experimentó un secuestro en Reynosa, Tamaulipas. Secuestro del cual escapó y, estando en una ciudad de otro Estado, logró encontrar el camino de vuelta a casa de mis abuelos. Lo dábamos por muerto, pero logró escapar de sus secuestradores y dio con la casa. Quizás no me lo creen, yo tampoco lo creía, pero es real y sucedió.
Aquella noche que mis hermanos descubrieron a Knn en el pino navideño con su collar de cascabel mi mamá se me acercó y me dijo: «¿Ves qué bonito se siente hacerles ver magia?» No podía negarlo, se sintió muy bien. Todo un día escondido en el baño y en mi cuarto, cuidando que el perrito no se emocionara de más para que no lo escucharan, había valido la pena.
Lo que jamás imaginé fue que esas 8 horas se convertirian en 16 años de memorias, experiencias, risas, corajes, y mucho amor.
Hoy tuvimos que tomar una de las decisiones más difíciles a la que nos hemos enfrentado como familia. Knn ya no brincaba, ya no corría, ya no nos hacía las patas hacia adelante como antes. Las escaleras las subía con mucha dificultad y, después de un tiempo, no podía subirlas del todo. Cuando le daba una galleta maría, sus favoritas, ya no las deboraba en 1 microsegundo, ahora las mordía con fragilidad y debilidad. Todo el día dormía y no se levantaba para nada de su cama. Después vinieron los lloriqueos, el batallar de su existencia y, por último, dejó de comer.
Cuando lo llevamos al veterinario, nos pusieron las cartas sobre la mesa. Nos dijeron que podíamos darle una sobrevida, pero no iba a ser una buena calidad de vida. Por ética, un veterinario no puede decirte que la mejor decisión es darle la eutanasia a una mascota, sólo pueden mostrarte el mejor panorama posible y dejar que tu tomes la decisión.
Nuestros corazones se rompieron en mil pedazos. Me quedé en la habitación con mi hermano menor. Juntos vimos a Knn dar su último respiro e irse para siempre de este mundo.
Ahora me encuentro acostado en mi cama, 16 años después, dándome cuenta de lo ruidosa que es la noche sin los ronquidos de Knn desde el cuarto de mis hermanos.
Te voy a extrañar muchísimo.
El Adiós de Adrián
Jamás pensé que me harías tanta falta, estuviste conmigo 16 años de los 26 que tengo. Fue muy difícil llegar hoy a mi cuarto y no verte dormir conmigo y con Mayin. Te amo y te extrañare mucho, gracias por ser el perrito más bonito y por siempre darnos tu amor y tu cariño a pesar de todas las veces que te regañábamos por no ser un perrito normal, que en realidad eso era lo que te hacía único y especial.
Siempre te voy a llevar en mi corazón y jamás te voy a olvidar.
Espero sepas que los 5 te extrañaremos y te amaremos para toda la vida, siempre seremos 6.
Te amo para siempre❤️






Los Padres
Yo no podía pronunciar palabra, mi vista estaba perdida y clavada a la distancia. Me preguntaban si dormirlo era lo mejor para el perrito. No me atrevía a contestar ni dar mi opinión, sabía que al hacerlo me dejaría al llanto. Nora trataba de entretenerse envolviendo regalos; eventualmente no pudo mas y también se entregó al desconsuelo. Ni ella, ni yo soportamos presenciar sus últimos minutos de vida. Esperamos afuera del consultorio, en silencio, recordando. Lloramos una veces, otras, el recuerdo nos hacia reír.
Nunca olvidaremos a ese raro animalito de ladrar molesto, orinando dondequiera, bebiendo desesperadamente y siempre, pero siempre, buscando comida.
Descansa en paz, perrito.





Deja un comentario