Ese día de Julio 2022 me sentía muy cansado. Mi esposa había arreglado un casual encuentro familiar. Era domingo por la tarde. El verano apenas empezaba y ya se sentía el intenso calor que nos abrazaría por tres meses. Llegamos a Apodaca y ya nos esperaban mis dos hermanas, Cecilia y Diana.

Después de saludarnos e iniciar las pláticas de entrada, que el clima, que la inflación, que los hijos…nos dieron la noticia: el compañero de Diana, Pedro, ya no vivia con ella.

Diana inició con una introducción rápida acerca de por qué había decidido dejarlo ir. Sin dar muchos detalles, declaró que había llegado el momento de enfrentarlo puesto que no aportaba a l manutención y sin embargo demandaba trato de hombre de la casa.

Fue Cecilia quien le arrebató la palabra y relató con detalle lo que realmente había sucedido. Parecía haberlo estudiado muy bien para no perder detalle. Apenas si permitía a Diana comentar.

Acción Decisiva

Pedro siempre había sido una carga para Diana, sin embargo lo toleraba porque le hacía bien su compañía o quizá porque a ella le nace del corazón tenerlo allí. Ahora, después de que cerró la productora de leche donde ella trabajaba, y aunque la liquidación fue suficiente para que ella pagara sus deudas y un auto nuevo, sabía que se venían tiempos difíciles, ya no tendría un empleo que le asegurara un ingreso fijo. «Ya no voy a trabajar», me dijo a mi en esos días, «pero emprenderé en un negocio».

Cecilia había tenido algunos encuentros desagradables con Pedro semanas atrás. Los enfrentamientos escalaban al grado de intercambiar altisonantes ofensas. El día llegó en que Cecilia se puso sus pantalones y lo corrió de la casa.

Esa situación se había repetido numerosas veces en el pasado, sin la intervención de Cecilia. Diana lo había manejado bien ella sola, sin problema. El caso es que, a causa de tener un corazón de chocolate, el retorno arrepentido de Pedro siempre le hacía ceder y aceptarlo nuevamente como huésped. Salvo en una corta temporada, Pedro nunca tuvo un oficio, ni empleo ni nada con que generar y mantener una familia. En esta ocasión, ella lo habría podido manejar sola, pero se entrometio su hermana. Así que, nunca sabremos si correrlo de la casa definitivamente era el deseo de Diana, o una acción ocasionada por los conflictos con Cecilia.

El Reclamo del Hijo

Aquel crucial día, Diego, el hijo de ambos Pedro y Diana, le rogaba a su madre que detuviera a Cecilia. «Mama, nosotros no somos así». Argumentaba que el asunto era familiar y por tanto Cecilia no debiera tener voz en el conflicto. «¡Yo soy parte de esta familia¡» respondió Cecilia. Diego lloraba desconsolado. «No es momento de llorar, es momento de tomar decisiones» concluyó Cecilia en forma autoritaria.

El Doble Mensaje

Yo, sentado allí, sudando por lo caliente que es la casa de mi hermana, entré en un extraño sopor al tiempo que escuchaba el monólogo de Cecilia. Mientras hablaba, en mi mente revoloteaban tres pensamientos. Uno era la cuestión de por qué se había tomado el atrevimiento de intervenir por su hermana; otro, de si Pedro iniciaría una secuela de ataques en revancha; y el tercero si la forma de narrar lo sucedido (alterada y soez) era un mensaje para mi, para que yo aprendiera a hacer frente a estas situaciones. El discurso de Cecilia me llegaba con doble mensaje.

Débil como me sentía en ese momento, no pude dejar de expresar mi preocupación por lo que puedo et pasar en corto plazo. Ya teníamos experiencia en los desplantes enfermizos de aquel caballerillo que eran ataques directos a la reputación de Diana. Temía también por Cecilia que vive sola y que la hace un blanco facil. «No hará nada», dijo con mucha seguridad.

Ya había escuchado suficiente y me sentía enfermo. Nos despedimos mi esposa y yo. Regresamos a casa. El trayecto fue silencioso, ni mi esposa ni yo teníamos algo que comentar.

A la semana siguiente me diagnosticaron COVID. Por supuesto que nada tuvo que ver la visita a casa de Diana, pero lo que sentía ese día era la llegada del virus a mi organismo.

Diana y Pedro habían vivido juntos y se habían separado varias veces desde que el hijo tenía doce años. Solo recuerdo un corto tiempo en que aquel tuvo suficiente dinero para cambiar la cocina de la casa y comprarse un Audi convertible del año. Sabrá Dios qué negocio ilícito haría pero lo invirtió bien. Después de eso, la vida se le fue en idear proyectos millonarios que nunca se hicieron realidad. Las veces que llegó a compartirme sus planes deseaba que fueran ciertos, porque me negaba a aceptar que se le estaba botando la canica. Quizá, esta vez, eso fue lo que persuadió a Diana de dejarlo ir. El hombre estaba perdiendo la razón y pronto necesitaría mayor atención, algo que Diana ya no estaba dispuesta a ofrecerle.

Es la única forma de explicarlo porque a Pedro, Diana siempre le ofreció desinteresadamente un techo y un plato de alimento.

Por supuesto que siempre deseo y veré por el bienestar y la salud mental de mi hermana. Si alejar a Pedro fue su deseo, yo la apoyo y estaré allí para ella siempre que ella me lo pida.

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