Lo que pasa en las reuniones de familia.

Esta es una anécdota graciosa que sucedió durante una reunión familiar. Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.

Cada uno de nosotros desarrollamos nuestra forma personal de ingerir lo que comemos. Por ejemplo, hay quien moja su pan en leche antes de engullirlo, otros prefieren el te al café; pero en lo que se refiere a comer semillas de calabaza, aunque hay diferentes métodos, hay quienes dicen que sólo hay una forma correcta de hacerlo.

Ese día era la ocasión de una reunión familiar en casa de Nene, la tía que vive en una casa grande. Ni celebrabamos nada, solo que llegamos de visita y se antojó una parrillada en familia.

Mario preparó una jugosa arrachera que comiamos gustosos mientras también preparaba unas costillas de cerdo adobadas. Unos cuántos prefirieron esperar las costillas y no comían en ese momento. Entre pláticas sin relevancia, chismes -que nos encantan-, y el clásico regiomontano de soccer Tigres vs Rayados, aburridisimo con un resultado en ceros, se llegó el momento del postre y de las botanas. Alguien llevó pastel, y había fritos y papitas sobre la mesa. Y allí estábamos todos en la «chorcha» cuando llegó Hugo, el esposo de Ale, la menor de mis cuñadas.

El es dentista, por su trabajo, casi nunca puede estar con nosotros y sólo llega por ratos. Se acercó a la mesa para saludar y ver si había algo de comer. Al ver que ya otros habían terminado su plato, ofreció una bolsa de semillas de calabaza. Nora mi esposa las tomó, las puso sobre la mesa y los demás empezamos a agarrar.

Un primo observó a Nora quien con cierta habilidad mordia la semilla por el lado más angosto y con la lengua sacaba el corazón.

—N’ombre, Nora, así te tardas mucho. Muerdela con todo y cáscara.

—No -respondió ella- así no se comen.

Luego, para reforzar su comentario, se dirigió Hugo suponiendo que estaba al pendien del argumento, y le pregunta:

—Oye, Hugo. ¿Tu te la comes toda?

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