A principios de septiembre del 2021, empecé a elaborar mi plan estratégico para el 2022. Además de considerar todos mis viejos proyectos locales, venía arrastrando un proyecto de trabajo pero también propio: asistir a una famosa feria industrial en Chicago, la IMTS.

Desde una semana antes, preparé todo para mi viaje. El hotel incluso, lo había reservado con tres meses de anterioridad, sabía que tenía que hacerlo pues, por un lado, Chicago es un destino turístico concurrido. Esta vez se esperaba a más de ciento ochenta mil visitantes, ¡imagínense!

Tenía algo de temor. No había viajado en dos años, no sabía si había aún restricciones por COVID, y cuánto tiempo antes debía estar en la compuerta. La aplicación de United no me daba mi padre de abordaje. Tenía que pasar primero al check-in. El asistente fue de lo mas amable, me sentí más cómodo y seguro. Ya con mi pase de abordaje me diriji al chequeo de seguridad. Allí, después de casi desnudarme, pasé a rayos X. Me hicieron un pedo porque olvidé sacarme la cartera. Me hicieron a un lado, vino un guardia con guantes de látex y me pidió la cartera para revisarla más minuciosamente. Bueno, es su trabajo. Después de ese «oso» y de haberme vestido de nuevo, caminé hacia mi compuerta. El avión salió a tiempo.

Llegamos temprano a Chicago donde se llevaría a cabo la International Manufacturing Technology Show, IMTS, yo llegué el segundo día. Era un viaje de trabajo al que asistiamos representantes de Taiwan, India, Brazil, Turquía y México. Habíamos planeado cenar en grupo el día de mi llegada y me alegraba de haber aterrizado con buen tiempo. El trámite por migración fue rápido. Me dirigi a tomar un taxi; allí empecé a perder tiempo, se hacía una hora de espera, luego una hora en el tráfico. No, pues se hizo tarde y decidí quedarme en el hotel.

La Feria de Tecnología para Manufactura

Era un viaje de trabajo pero el evento estaba tan lleno de innovaciones que me dediqué a recorrer los pabellones, no para trabajar sino para llenarme de conocimientos.

Desde el 2017, mis solicitudes para asistir a la IMTSme eran denegadas por la dirección de mi oficina. Unas veces, que porque el departamento de Estado estaba en «continued resolution» y no  se podía disponer fondos federales; otras porque no había reclutado suficientes delegados; en fin, no pude ir en los últimos cinco años. Este 2022, con mi insistencia y el apoyo de mi supervisora, puede realizar el viaje.

Este año, el viaje me era de mayor interés pues había decidido que mi siguiente actividad, después del retiro, sería administrar algún tipo de operación de manufactura aditiva. Una decisión que si bien la tomo en un momento especial en mi vida y que considera una industria aún en desarrollo, me llega un poco tarde.

Si, tarde. Y es que en el 2015 salí en un viaje de negocios a West Virginia y me entreviste con algunas empresas que hacían piezas con manufactura aditiva y ellos mismos mencionaban que la tecnología aún tenía limitaciones; sin embargo, les reflejaban importantes ganancias. En esos días, la manufactura aditiva no podía pensarse para la producción en volumen. Aunque ya se hablaba de que pronto sería posible. Ahora, siete años más tarde la variedad de procesos y maquinaria disponibles son muy variados.

El Plan

Mi interés inicial en la manufactura aditiva tenía un enfoque hacia la cadena de suministros para el espacio. En un charla con un traumatólogo nació la idea de fabricar implantes médicos. Me pareció una idea genial y comencé a hacer mi análisis del mercado.

En realidad, la manufactura 3D encontró aplicación mayormente en la fabricación de artículos promocionales y corporativos. Esto inició el auge en las ventas de impresoras pequeñas. La industria, por otro lado, asignaba proyectos de prototipado a los centros de investigación y desarrollo. Existen muchos centros de investigación en México, pero el CIDESI parece tener mayor reputación en este giro.

Más tarde me enteré de que la mayoría de los implantes requieren ser fabricadas en titanio. México no manufactura el titanio y por lo tanto habrá que importarlo. Por otro lado, si la maquinaria 3D tuviera que ser alimentada con polvo de titanio sería imposible importarlo pues sólo la SEDENA puede hacerlo o emitir el permiso. Hasta ahora, solo el CIDESI tiene el único permiso otorgado. Lo anterior, deja al emprendedor la alternativa de utilizar polímeros grado médico que si están disponibles en México.

No cabe duda que visitar una feria Internacional de tecnología te cambia la vida, ahora paso mucho de mi tiempo analizando mis alternativas para iniciar una pequeña operación de manufactura aditiva. ¿Tendré un futuro en este campo? Solo Dios lo sabe. Mientras yo seguiré adelante porque ya lo dijo Freeman Dyson: Después del regalo de la vida, la tecnología es quizá uno de los más grandes regalos de Dios.

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