Octubre 6, 2021
Días antes habíamos encontrado un almacén de muebles finos. Es un lugar en San Jerónimo que ha de haber crecido espontáneamente, para la sorpresa de sus dueños, pues ya ocupaba casi todo el primer piso de aquel edificio comercial. Allí encontramos lo que nos faltaba para nuestra sala. Este día, al fin llegaba a casa nuestra nueva mesita de centro que vendría a darle otro toque moderno a nuestro hogar. Ya en su lugar, era imposible dejar de contemplar la escena completa, más de nuestro agrado y a la época.
Octubre 7, 2021.
Flor, la chica que asea nuestra casa, vio la mesa y los nuevos adornos en la pared. Se llevó las manos al pecho y exclamó: ¡qué hermoso se ve ahora todo!
Me recomendó que considerara añadirle el toque natural con un ramo de flores diferente cada semana. Eso hace ella en su casa. Me mostró fotos. En realidad, cualquier lugar se revive con el aroma y el delicado toque floral. Eso me recordó mi próximo aniversario, a solo tres días de llegar.
Octubre 8, 2021
Es viernes, no tenemos planes de salir. Subimos a la recámara. Tome el control de la televisión y empecé a buscar películas. Encontré “La otra Bolena”, de Justin Chadwick, con Nataly Portman y Scarlet Johansson. Ya la había visto años atrás, es del 2008. La empecé a ver nuevamente. A Nora no le fascinan las películas históricas, pero se quedó conmigo mientras tejía un chal para el invierno. Llegaron los güercos…
“Mamá, ¿qué cenaremos hoy?”
Para nosotros, ver películas y comer palomitas es suficiente para una noche. Para ellos no. Cuando percibieron que no habría cena, nos ofrecieron “pichar” hamburguesas. Dejé la película a medias. Fuimos a un nuevo lugar llamado Vancouver-. Llegamos. Ordenamos. Comimos. (Al que quiera saber lo que pedimos y que pasó después, le recomiendo leer «en fila para morir«.
La charla de mesa fue de lo más especial. “Les voy a contar algo que nunca les he dicho…” – dijo Adrián. Y comenzó a relatarnos su más loca aventura. Luego Mario contó la suya, y yo la mía. Volteamos a ver a Nora, “yo no tengo nada que contar”. Yo recordé algunas de sus aventuras conmigo. Me quede callado.
Cuando conducíamos de regreso a casa, Nora y yo teníamos una sonrisa dibujada en nuestros rostros.
Ya en la cama, esa noche, Nora y yo nos alegrábamos de la gran confianza que nos tienen nuestros hijos.
Octubre 9, 2021
Ningún arreglo floral me llena el ojo. Pensé en ir al HEB y diseñarlo yo mismo. No, este tiene que ser especial -me dije-. Seguí buscando; mientras lo hacía, recordaba cómo había empezado todo: el primer encuentro, el cortejo, la declaración, la petición de mano, la boda, la noche de bodas, luna de miel, y la llegada a nuestra nueva casa.
Encontré una tienda de flores en línea, LolaFlora. Hmm, no me inspira confianza con ese nombre. Abrí el catálogo solo para enamorarme de sus diseños, y de sus increíbles precios, incluyendo la entrega a domicilio. Seleccioné el más atractivo y ordené. “Espero que no me fallen” -rogué-.
Octubre 10, 2021.
Desperté con la vibración de mi IPhone, era un mensaje. No me levanté, solo tomé el teléfono y busqué. Era un mensaje automático de la florería. “Su orden está en proceso”. Nora abrió un ojo. Me acerqué lentamente, besé suavemente sus labios y la traje hacia mi en un fuerte abrazo, “feliz aniversario, mi amor “, -gimió-. Aún era muy temprano y además, era domingo.
La mañana transcurrió como cualquier día. Después del almuerzo le pedí que no se llenara mucho porque iríamos a comer para celebrar. Los hijos se emocionaron, “¿A donde iremos?”, -preguntaron-. El recuerdo de un aniversario anterior cuando nos dejaron sin comer me motivó a no consideramos esta vez. Además, es un festejo de pareja.
Llegamos al Nueve Fuegos, ya tenía reservado un lugar con vista panorámica. Nora se sorprendió y con temor preguntó “¿cuánto te va a costar este lugar?”
Ignoré la pregunta. Nos sentamos y ordenamos las bebidas. Esta vez, margaritas “frozen”, para variar. Tome mi teléfono y seleccione la cámara para abrir el menú por el QR sobre la mesa. Comenzamos a escoger. Ordenamos.
En una mesa aledaña, una familia también festejaba algo. No supimos. Lo que si observamos fue que, una mujer elegantemente vestida, era dueña de la conversación; con el volumen de su voz, su conversación se escuchaba en todo el recinto. Más tarde supimos que era la mismísima Lorena Rodríguez Cantú, la propietaria del restaurante.
La música de fondo era muy moderna, para jóvenes. Y si, había unos jóvenes festejando el cumpleaños a su amigo.
Nahum, el mesero, llegó con nuestra ensalada de espinacas baby y un toque de arúgula con jamón serrano. arándanos secos y queso feta con aderezo de reducción de mango, un tazón con chicharrón picosito de pulpo y palomitas de coliflor. Un rato más tarde, a recomendación del mesero, nos fue servido un un corte de 2 pulgadas de entraña de arrachera, asado al término perfecto. ¡Que delicia!
Estábamos satisfechos y no podríamos comer nada más. Decíamos que era comida-cena. Los jóvenes de la mesa frente a nosotros empezaron a retirarse.
“¿Imaginaste que así sería tu vida?” -preguntó de pronto Nora-.
“Uno se casa enamorado, no pensando cómo irá a ser su vida al lado de su amada”, -respondí-.
Lo que tenemos que reconocer es que hemos pasado tiempos muy críticos que hemos sido inteligentes para resolverlos en pareja; otros tiempos han sido tan buenos que han consolidado nuestro amor.
Aún me sorprende, en la actualidad, la cantidad de matrimonios que se acaban al primer conflicto. Sin saber que se pierden toda una vida de felicidad separandose.
“Yo he sido muy feliz a tu lado” – le dije- “y eso es suficiente para soportar lo que ha venido y lo que pueda llegar después”.
Un beso selló la confesión.
Sorpesivamente, la música cambió. Ahora se escuchaba Sway, de Dean Martin. El mesero llegó a nuestra mesa llevando un pastel de cortesía. Era un panqueque de elote, ligeramente envinado y con una base de cajeta de leche. En el plato, una leyenda decía “Feliz Aniversario”.
N’hombre, ¡que detalle!
Nos tomaron una foto, la del recuerdo. Nos visitó el maitre para conocer nuestra opinión. Le echamos puras flores.
Frank Sinatra ahora cantaba Take me to the Moon. Era momento de despedirnos. La cuenta, una buena propina y salimos.
Así terminó otro feliz aniversario, el vigésimo noveno. Apenas…






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