“Somos muy separados”, dijo Cecilia mi hermana cuando la conversación giró en torno de la unión que veíamos en la familia Treviño.
Era ocasión del cumpleaños 54 de mi hermana Diana Elena. Habíamos estado encerrados por la pandemia y creímos que ya con menos restricciones para eventos, festejarla sería un buen pretexto para vernos de nuevo y reunirnos en familia. Nora compró un pastel y procedimos a invitarlas a ambas hermanas. Primero a comer en el Davila’s y posteriormente a tomar café en mi casa.
Estando en el restaurante, Diana emocionada recibía a los invitados diciendo “bienvenidos a mi fiesta” en tono de broma pero visiblemente feliz. Cecilia, por otro lado, bromeando se quejaba “pues yo cumplí 60 y nadie me hizo fiesta…” (Ella cumple en julio).
Cuando Cecilia está en una reunión, las bromas y los relatos graciosos están en boga. De no haber ido ese día seguramente la conversación hubiera versado en temas más serios y uno que otro chascarrillo.
La sorpresa del pastel sucedió cuando llegamos a casa. Era un “cake” de tamaño mediano con fresas como “toping”. Clavado por la parte superior, un alfiler de plástico grabado con la leyenda “feliz cumpleaños”. Le tomamos foto y luego con los hermanos.
La reunión en casa fue muy amena también. Nora apreciaba como nos divertíamos y dijo:
—Deberían reunirse más a menudo. Ser más unidos, como los Treviño.
El largo lapso que dejamos de vernos nos impide saber de las dificultades de cada quien en este diario vivir: Diana sin empleo, Cecilia con su enemigo eterno…
Después de intercambiar comparaciones, tamaño de la familia y caracteres, Diana explicó las razones de nuestro aparente distanciamiento.
—Nosotros también somos muy unidos, lo que pasa es que no somos de muchas reuniones. Mejor dejar pasar mucho tiempo para luego tener de que platicar.
Una carcajada general explotó instantáneamente.
Las personas como nosotros no necesitamos vernos frecuentemente. Sabemos que nos tenemos y nos apoyamos. A veces, ni nosotros mismos nos damos cuenta de cuánto tiempo pasa antes de desear reunirnos. Yo siempre añoro el momento de verlas. Su compañía me hace feliz.
Los tres hermanos disfrutamos a nuestra manera, pero no me percaté qué tanto, hasta cuando vi la foto por segunda vez. En nuestros rostros se observaba el destello de la felicidad.





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