Septiembre 5, 2021, 11:45 AM

Hoy desperté tarde. Fué solo porque empecé a tener dolor de espalda a la altura de la cintura, y me levanté con un poco de dificultad. No volteé a ver la hora, solamente me vestí, me peine y salí hacia la sala de mi casa. Justo al momento de llegar a la escalera Tome la decisión de darme una ducha y me metí en la regadera. El malestar en la espalda hizo difícil desvestirme, me sentía un poco entumecido, pero al fin me desvestí y entré al agua. No puse mucho esmero en asearme puesto que el día anterior ya me había dado una buena limpieza de cuerpo. Me enjuagué, me enjaboné y volví a enjuagarme. Listo.

Bajé la escalera con cuidado, y en el momento preciso en que toqué la pared para no perder el equilibrio, recibí una descarga increíble de alto voltaje que me hizo gritar; no de dolor sino de desconcierto y sorpresa. Pasaron unos treinta segundos antes de que alguien saliera a preguntar qué había pasado. Les informé y regresaron a lo suyo.

Por temor, no me anime a tocar de nuevo la pared y bajé con cuidado los seis escalones que me faltaban para llegar al primer nivel de la casa. Caminé unos pasos para ver el reloj: 11:35 de la mañana. Nunca había despertado tan tarde.

Me senté en el sillón más largo de la sala y recapitulé. En ese momento me percataba que mi implante desfibrilador había actuado. No había razón aparente para ello, pero el dolor en la cintura y el despertar tarde podrían ser efectos de un mal funcionamiento del corazón. No sé.

Por sentirme tan bien he descuidado la revisión periódica del implante. Ya había hecho planes para visitar al docto cuando llegó la pandemia. No lo veo desde el 2018.

Tengo que reportarle el suceso al cardiólogo.

Septiembre 8, 2021

Nora me consiguió la cita con el Dr. Carlos Guzmán del Hospital Muguerza. Cuando llegué a su consultorio había muchos pacientes esperándole. Todos acompañados al menos de un hijo, o hija, mayormente hijas. Se me hizo algo extraño; pero pensé, quizá son viudos y los acompañan los hijos que se quedaron en casa o a cargo de ellos. Suele pasar.

Había esperado ya treinta minutos y el doctor no llegaba. Me sentí en el Seguro Social de antes, cuando los doctores hacían lo que se les pegaba en gana y había que sacar ficha y esperar turno para todo. No llegaba. Empecé a desesperarme. Tenía que regresar a la oficina con el pendiente que solo estaba usando mi tiempo de comida y que además, estaba estrenando jefa nueva. Uno no sabe qué les puede molestar.

El doctor llegó apresurado y con pena. Se le había presentado una emergencia. Esas cosas las comprende uno. No hubo pex. Me invitó a pasar al consultorio. Después del saludo y la entrevista de rutina -pues era mi primera visita con él-, me pidió me quitara mi camisa, luego procedió a conectarme unas ventosas a las que posteriormente conectó cables. «Tu ICD, ¿es de St. Jude? ‘preguntó.

El hombre me sorprendió, con mi respuesta afirmativa, sacó un maletín, lo abrió y empezó a conectar los cables. Observó el monitor de su aparato por unos momentos, luego exclamó: «¡Traes un desmadre! y, en efecto, el domingo a las 11:34 tu ICD estuvo apunto de descargar».

Me confirmó que en ese momento traía fibrilaciones ventriculares…las más peligrosas. Sin embargo», había algo más que llamó su atención y era una especie de ruido que se repetía cada vez que yo me movía. Volvió a tocar y mover cada uno de los cables tratando de encontrar la fuente de ese ruido. No eran sus cables, ni su aparato. Todo provenía de mi corazón.

«¿Qué medicamento estabas tomando?»

«Ya ninguno, doctor.»

Le proporcioné el nombre de los medicamentos expliqué las razones por las que me los había administrato el cardiólogo anterior. Que Braxan (Amiodarona) para el corazón, que Tenormin (Atenolol) para reforzar al Braxan; luego se me disparó la tiroxina y me indicó el Eutirox, este a su vez me elevó el colesterol y me recetó el Vytorin. El conjunto de medicamentos me llevó a un perfil diabético y me fuí al Seguro Social, donde me ordenaron al laboratorio para una curva de tolerancia a la glucosa. La doctora que me atendió me dijo «usted es diabético por herencia, le administraremos metmorfina inicialmente, a ver cómo le resulta, sino, nos vamos por insulina de por vida». Con lo que me encabrona esa frase «de por vida»…

«Pero eso era un extraño coctel de medicamentos»

«Si doctor, me daba la impresión que solo me estaban poniendo curitas»

«Mira -dijo-, lo que yo estoy viendo es primero, que tu aparato ICD está mal calibrado, y por otro lado, que si necesitas tomarte un medicamento para controlar las fibrilaciones»

El ICD estaba programado para monitorear y reaccionar a las fibrilaciones auriculares.

«Ya hice el ajuste. Te vas a sentir mejor en cinco minutos». Desconectó las ventosas y las retiró de mi cuerpo. Me pidió me vistiera, mientras él se fué a su escritorio a escribir algunas notas. Cuando lo alcancé, ya las palpitaciones erráticas habían cesado como por arte de magia.

«Me llama la atención el rojo en tus ojos; ¿no te has revisado con oftalmólogo para ver si no hay peligro de glaucoma?»

Le explique que meses antes lo había hecho y que aquél me quería realizar un prodedimiento láser para corregir una estrechez en el canal de desagüe. Aún así, recomendó que me tomara la presión durante el período de tratamiento y le enviara los datos.

Me extendió una receta con indicaciones: Braxan al mediodía y en la noche; una tableta de 200 mg y dos, respectivamente por siete dias. El Braxan, segun dijo, solo actúa por saturación, luego veríamos cuál sería la dosis final. Me alegró escucharle decir que quizá una tableta cada tercer día o una a la semana.

Un doctor que analliza, un verdadero científico. Me gustó.

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