25-Mar-21

Llegué quince minutos antes de mi cita. Ya había algunas personas en fila separadas casi dos metros una de otra. Me quedé en mi auto y esperé.

Dos semanas atrás el cónsul general nos había informado que la vacuna Pfizer estaría disponible para aquellos funcionarios que desearan les fuera aplicada. Solo estaría disponible del 25-27 de marzo del 2021. Desafortunadamente, nuestros familiares no aplicaban para este beneficio.

Mis compañeros de la oficina y nuestro jefe, nos apuntamos y solicitamos la cita. Seríamos de los primeros en nuestro Consulado.

Cuando la Embajada notificó la llegada de la vacuna, muy sutilmente nos advirtió que era únicamente para ellos en la ciudad de México y que todos los Consulados habrían de esperar.

Afortunadamente, una buena cantidad de las que fueron enviadas a Africa (para los Consulados y Embajadas) sobraron y fue Monterrey el agraciado.

Cuando dieron las 10:15 AM, salí de mi auto y caminé hacia la estación de vacunación. Me encontré con caras familiares, mis amigos y compañeros. No me había percatado de cuánto los extrañaba, en verdad.

Libré la zona de guardias y entré al improvisado centro médico en el área de atención al solicitante (NIV). En el primer puesto estaba Rodolfo:

—¿Llenaste la encuesta pre-vacunación?— preguntó. Era una declaración que hacíamos para confirmar que no habíamos sido vacunados previamente o éramos alérgicos.

Me pasó a una ventanilla donde expedían la cartilla de vacunación. Posteriormente, me pidieron me descubriera el hombro y lo demás, pues ni sentí. Aquel enfermero tenía tan buena mano que ni gota de sangre asomó del piquete.

—¡Listo!¿Como te sientes?

Quizá por sugestión, empecé a sentir dolor en el brazo opuesto. Se lo dije.

—Ja, ja, no dejes que tu mente te juegue trucos— me advirtió el enfermero al tiempo que me indicaba que debía descansar quince minutos en la sala de observación.

Allí, me senté y platiqué brevemente con algunos amigos quienes se mostraban indiferentes. Como si supieran que nada les pasaría. Pues nada pasó. Cumplí el tiempo de espera y me fui a casa.

Ya en casa la comida estaba lista para ser servida. Ese día tocaba macarrón con queso, nuggets de pollo y ensalada de coles de Bruselas. Comí el macarrón y la ensalada, pero el solo ver los nuggets me provocaba asco. Ya a mitad de mi comida, empece a sentir un cansancio pesado, como cuando he estado trabajando a destajo en mi oficina. No pude más y me fui a acostar un rato. Fue un largo rato.

Nora había salido a llevar a su mamá y a su tía al oftalmólogo y se había tardado cuatro horas, las mismas que estuve reposando.

Para la hora de dormir, seguía cansado. Me fui a la cama y caí en profundo sueño. Entrada la noche, me despertó un fuerte dolor de cabeza. Ya no pude dormir bien.

Empecé a tener una tos seca. Era una tos semejante a la que me daba de chico cuando me inyectaban Lincocín para aliviar los dolores de garganta causados por estreptococo en el invierno. Me decían que no era reacción alérgica, pero siempre me pasaba con las inyecciones intramusculares. Y aún me pasa.

La segunda dosis

16-Abr-21

Tres semanas despues de que nos aplicaron la primera dosis, el departamento médico anunció que era necesario aplicar la segunda dosis. Cuando vi el anuncio en mi inbox, yo estaba ocupado, asi que dejé pasar una noche y me registré al dia siguiente. Mi cita se programó para el último día de la vacunación. Para entonces ya casi no tosía. Nora se percató de ello.

—¿Te das cuenta que no has tosido?

—Si,—le contesté—y tampoco he comido mi manzana esta semana.

Nos quedamos pensando, qué habría sido la verdadera causante.

Era viernes. LLegué al Consulado y pasé por el mismo proceso. Ahora me pidieron prueba de que ya había recibido la primera dosis. Piquete, descanso y vámonos.

—Esta ves—dijo la enfermera regional, —te va a doler más el brazo y quizá tengas un poco de reacción: se te levantará una bolita en donde te inyecté, tendrás dolor muscular en el brazo, y quizá hasta te marees.

Salvo el dolor muscular en el brazo, nada de lo demás me sucedió. En cambio, la tos volvió levemente y mi arritmia se manifestó. No hice nada pensando que sería otra reacción menos conocida de la vacuna en cardíacos. Para el lunes siguiente, la arritmia se había desbocado y me vi forzado a tomarme el Tenormín. Se calmó un poco, pero este solo funciona si lo tomo diario, a la misma hora y por mas de una semana.

Ya veremos que pasa…

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