Las anécdotas de papá.
Vivía El Profe en una pequeña casita de dos piezas en San Rafael Chamapa, en el Estado de México. Era el año de 1983. ¿Como llegó hasta allá? No lo sé. Le tomaba hasta dos horas llegar a la universidad donde daba sus clases. Era el profe de “Legislación del Comercio Exterior” en la Latinoamericana, la que queda por Gabriel Mancera en la Ciudad de México.
Ese día abrió la puerta principal, salió y aseguró las dos cerraduras. Era un barrio difícil y, aunque no poseía nada de gran valor, el decidió poner protección adicional. Se dio la vuelta para bajar la alta escalerilla que le daba acceso a la calle. En Chamapa, en ese tiempo, las calles eran burdas y mal hechas. Estaban construidas de concreto, pues la colonia había nacido en terrenos irregulares llenos de lomas y cañadas con vías muy empinadas. Para llegar a la parada del camión había que caminar en línea recta y subir una pendiente tan pesada que el peatón llegaba con el puro resuello a la cima.
Cuando al fin llegó el profe a la parada, hubo de esperar, como era costumbre, a que pasara un Tacuba al que pudiera subir aunque fuera en el estribo. Ya había aprendido que esa ruta era tan solicitada que difícilmente se podía conseguir asiento, a menos que se tomara el primero o segundo camión del día. Por eso acostumbraba levantarse antes del amanecer.
Sin más que hacer que observar a la gente y los carros pasar, dirigió su vista hacia el cielo. La mañana le resultaba algo extraña: había más estrellas que de costumbre y el sol parecía estar saliendo del lado contrario. Extrañado, se acercó a otro que también esperaba transporte.
— Oiga Ud., ¿No se le hace que el día esta muy raro?, preguntó.
— ¿Raro? No lo sé, yo lo veo normal, para esta hora del día.
— Pero, mire el sol, ya se ha tardado más de lo usual. Y hay más estrellas en el cielo. Además, a esta hora debiera haber más gente esperando el urbano.
— ¡Pues claro, hombre! A esta hora más gente regresa del trabajo que la que sale a la ciudad. ¿Es que no ha visto el reloj? ¡Son las seis de la tarde!
Hay veces en que las preocupaciones nos hacen perder la noción del tiempo y nos sacan de la realidad. Hay veces que descansamos tan bien después de una siesta, que reparados por el sueño, tenemos energía para volver a empezar. No sabemos cuál fue ese día la situación que despertó al profe, pero recordamos que contaba su anécdota como una experiencia insólita.





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