Celebrar es permitir el fluir de nuestras emociones
Socha Sans-Jabaloi
¿Cuando será tu graduación?
Ya estábamos resignados a que tendría que ser virtual, a causa de que la presencial se había cancelado a causa del COVID. No era lo que Adrián habría querido. Cuando fue la graduación de su hermano mayor vinieron parientes a acompañarnos a la ceremonia y posteriormente al baile. Adrian seguramente querría algo así.
Aquel mes en que todas las facultades de la universidad estaban ya celebrando sus respectivas ceremonias de graduación, en casa aún no teníamos idea cuando sería la de Adrián.
La facultad ya tenía todo organizado, pero Adrián no nos lo comunicó. Fue solo por insistencia de nosotros sus padres que al fin compartió detalle.
– Asiste, no sea que después te arrepientas porque no dejaste evidencia-, le aconsejé.
Estaba tan desanimado que tuvimos Nora y yo que persuadirle de vestir de traje para la ceremonia.
– ¿Crees que todos van a ir de traje para un evento por ZOOM? No inventes- decía incrédulo.
Al fin lo convencimos. La mamá -ya sabe cómo son las mamás, son las más pederas- ya estaba lista con la cámara de su smartphone y su propio “en vivo”.
La ceremonia
La transmisión por ZOOM inició tarde esperando a que los asistentes entraran, mientras tanto, el director, Ricardo González bromeaba con los que reconocía. Uno a uno se sumaron los graduados a la transmisión y por fin pudo dar inicio la ceremonia. Ricardo ya tenía el micrófono y, pues inició con su discurso. Eran las 4:30 PM del 27 de Agosto.
“Es para mi un gusto y un honor”. Bueno, ese hombre habló del deber del ingeniero, su responsabilidad ciudadana, recordó como cambiaron los rostros y los cuerpos de sus alumnos, (a algunos se les quitó lo pendejo, otros se hicieron más). Bueno…Yo ya me quería ir, pero sabía que toda graduación tiene su momento emotivo y ese llegó cuando invitó a los graduados a hacer juramento. Para esto ya eran casi las 2:30 PM. Pidió a todos que encendieran sus cámaras y, para sorpresa de Adrián, no había uno solo que se presentara en ropa común. Todos estaban ataviados de acuerdo a la importancia del evento. Sus padres les acompañaban, así como nosotros a Adrián. Nora, con su transmisión en vivo, compartía con su familia en Reynosa.
El Juramento, virtual pero sincero
Todos los asistentes encendieron sus cámaras, se enfocaron de cuerpo entero y se dispusieron a decir a coro:
“Protesto por mi honor, poner todos mis conocimientos y experiencia al servicio de quien me lo solicite, en beneficio de la sociedad y la nación entera cuando las circunstancias así me lo exijan.
Defenderé con verdad y fortaleza los derechos de las personas e instituciones para enaltecer con mis actos la profesión a la cual pertenezco.
De faltar a la conciencia ética y a un comportamiento coherente con ella como profesionista, que se haga de mi conocimiento y que la comunidad científica y la sociedad, me lo reclamen”.
Acá afuera, los padres teníamos nuestras emociones atoradas en la garganta: el llanto atorado en los hombres, y fluyendo a mares, en las mujeres.
Yo tomé “screenshots” y fotos con mi teléfono y aquí quedan para la historia. ¡Que emoción cuando tomé la foto del graduado y su orgulloso padre!
Esta experiencia nos enseña que para celebrar nuestros logros no se necesitan palacios ni banquetes dignos de reyes, solamente rodearte de los que se alegran contigo y con los que puedes dejar fluir tus emociones libre y sinceramente.





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