28 abr 2020.
Pues anoche no podía dormir, y es que, desde que amanecía andaba yo con falta de aire y mareo. ¡Ah, cabrón! ¿Y ‘ora?
Pues ahora voy a culpar a Del Valle.
En la despensa pasada, mi esposa ordenó esos nuevos jugos Del Valle con pulpa, los Pulpy. Ese mismo día probé uno, y aunque me gustó mucho el sabor, me sorprendió lo increíblemente dulces que son. Cuarenta y siete por ciento de azúcar en la presentación de 400 ml. ¡Dios mío! Acababa de tomarme la dosis de todo un año.
Bueno, pues estuve empalagado el resto del día. Al siguiente día, a mi hijo mayor se le antojó un bizcocho, bueno si, pastel. Que me acerca el menú y que me da a escoger: “Mira papi, tus preferidos”. Pues si, allí estaban el Gansito Gigante y el pastel de Oreo. Una delicia. Yo me hice del rogar; que mucha azúcar, que poco ejercicio en la cuarentena, que la lonjita y demás. Bueno, al final me decidí por el ganso. ¿Que puede pasar? Además, de vez en cuando me como uno y no pasa nada. No tardó Didi en traernos aquel manjar. Yo aún estaba empalagado del juguito del día anterior, pero ¿quien se resiste a un biscocho?
Corté un trozo pequeño, nada exagerado: solo lo que cubre el palmo de una mano. Esa noche, amigos, hube de pasarme la noche en vela viendo la tele hasta las dos o tres de la mañana. Al siguiente día, mi corazón parecía pedirme otro trozo de pastel para desayunar, se me aceleraba y daba golpecitos de tambor que podían escucharse hasta acá afuera. Me dije, “al corazón lo que quiera”.
El sábado, me tocó hacer de comer -así me toca cuando ya no hay nada en la despensa.-. Preparé frijoles charros y sincronizadas de rib-eye. Mis hijos fueron por las sodas, “¿que quieres papá?” Como yo tenía mis jugos, les dije que no gastaran en mi. Comí y me tomé mi jugo. De nuevo, el corazón parecía agradecérmelo. Pero no. No era eso. Me está advirtiendo.
Para amanecer el lunes ya andaba mi corazón descontrolado. Como antes (2017). Me asusté. Todo el día me la pasé con arritmia y mareo. No hice ruido, ya me imaginaba de donde venía el problema. Suspendí mi ingesta de azúcar y tomé mucha agua. Mucha agua todo el día.
Hoy amanecí en mi estado normal. Estable, sin mareos, sin temblores. ¡Chin! ‘Ora falta que…





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