Mi empleo enel gobierno paga bien. Este año, a diferencia de los anteriores, el dinero ha rendido mucho y he tenido ocasión de ahorrar. Inicie los trabajos de remodelación, hemos viajado, nos hemos dado una vida relativamente fregona. Con el mismo ánimo y la misma capacidad financiera, el 2019 quise hacer algo diferente para la temporada de fiestas de fin de año, y decidí regalar a mi familia una cantidad en efectivo; en México, le llamamos aguinaldo. A mi esposa, le tocaba la mayor suma, diez mil pesos. A cada uno de mis hijos, la misma cantidad de cinco mil pesos. (Tengo un visitante en casa que bien es parte de la familia en estos momentos; pero, el tiene a sus padres. No lo considere, aunque pensé que debiera hacerlo).
El domingo pasado, el más pequeño de mis hijos regresaba de compras. “Ya tengo los regalos de todos”. Ayer, el mayor, “mañana llegan sus regalos que compre en Amazon”, luego dijo “el de papá ya lo tengo aquí”. El otro hijo parece verse en aprietos, ahora que vio sus fondos reducidos a causa de la gran fiesta que preparó para su cumpleaños. “¿A poco el aguinaldo que nos diste era para gastarlo en regalos?”, bromeaba.
Parece que el tener la oportunidad de tener algo que ofrecer les ha cambiado el carácter y su estado de ánimo. Ayer, vi como ese ánimo los acerca más a nosotros y les incita a interactuar más. Recién nos habíamos acostado para dormir mi esposa y yo, cuando se aparecen mis hijos y nos acompañan en la cama. Bromeaban preguntando qué pensábamos serían los regalos.
¡Que padre se está perfilando esta temporada!






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