Cuando era niño, allá por 1973, apareció en el cielo un cometa; lo nombraron Kohoutek en honor a su descubridor Lubos K, un astrónomo checo. Pasaría tan cerca de Tierra que prometía ofrecer un espectáculo extraordinario. Empezaron a llamarle “el cometa del siglo”.
Como astrónomo aficionado, me fascinó el evento desde el día de su aparición en nuestro cielo y lo seguí religiosamente noche tras noche, desde marzo de ese año. Decían los científicos que el cometa se acercaría a Tierra a 4 uA (casi 600 millones de kilómetros). Podía verse sin aparatos; pero, a través de mi telescopio de juguete, me sentía yo un consumado científico.
Este extraordinario fenómeno astronómico motivó a la NASA a apresurar un programa de observación y experimentación científica que llamaron Skylab. Y digo que fue apresurada, porque tuvieron que hacerse tres intentos (tres misiones) antes de que todo saliera bien. Y vaya que se aprendió mucho de los errores cometidos, pero fueron muchos. Cualquiera hubiera pensado que, alguien -o algo-,estaba impidiendo que la humanidad obtuviera la capacidad de conocer más allá de nuestra órbita.
La última misión por fin fue un éxito, era la Skylab 4; la tripulación, integrada por tres renombrados científicos; a ellos les tocaría presenciar y estudiar la trayectoria del Kohoutek.
Mientras tanto en Tierra, estábamos inmersos en una gran campaña inspirational transmitida por todos los medios de comunicación. Las grandes corporaciones, Pepsi y Coca-Cola entre muchos otros, cambiaron el estilo de sus anuncios transformándolos en mensajes de perdón, amor al próximo, convivencia familiar y tópicos de ese estilo. La melodía “le rose blu” que un italiano de nombre Damicco cantara en 1972, en el ‘73 adquirió la letra de “cuando nace un niño”, convirtiéndose en la referencia de aquella utópica época.
Para explicar aquella nueva corriente de anuncios comerciales enfocados en promover la paz y el amor, yo imaginé que era un esfuerzo genuino de calmar la violencia en el mundo. Como ustedes saben, la actividad terrorista se había encrudecido desde 1960 con casos extremos en Irlanda (IRA), España (ETA), y Palestina (OLP).
Más adelante, sucedieron cosas que me hicieron dudar de mi propia explicación.
Ya avanzado el año 1973, allá por noviembre, el cometa perdió su cola. Fue un proceso gradual, pero rápido; creo recordar que no duró más de diez días.
Era algo completamente aterrador. ¿Y saben Por qué ? Porque, desde la perspectiva de un observador en Tierra, la única razón por la que un bólido puede perder su estela, es porque sencillamente, ha cambiado su dirección.
Ahora lo entendía todo; la campaña tenía una poderosa razón. El cometa se enfilaba de frente hacia nuestro hermoso planeta. ¡Estábamos en inminente peligro! Ellos lo sabían. Solo nos quedaba esperar el fin, la extinción de la raza humana y todo lo que habitaba este planeta.
Mientras tanto, en la órbita terrestre, sin un motivo aparente, la tripulación del Skylab 4 cortó la comunicación con Tierra. Fueron dos semanas sin saber que hacían o por lo que pasaban.
Luego, otro evento inusitado sucedió casi al final del año; mirando a través de mi telescopio, se me heló la sangre al ver que el cometa había desaparecido. Se fué. Ya no estaba en el cielo.
Los noticieros lo ridiculizaron desanimados, los científicos dieron explicaciones “científicas” y luego el fracasado cometa del siglo dejó de ser noticia.
Ahí terminó todo. Las sociedades continuaron su rutina, el terrorismo no terminó, la maldad seguía entre nosotros; el mundo volvió a ser como antes.
No obstante, algo si cambio: terminó la carrera espacial; Rusia y EEUU acordaron trabajar conjuntamente por el bien de la ciencia y la tecnología. El gobierno de los EEUU formó una comisión para regular el tránsito entre Tierra y el espacio exterior, así nació la exopolitica.
Mientras unos decían “es lo que trajo el cometa”; a m me parecía más el producto de una intervención inteligente: Si todo esto tuvo otras razones, a mi me gustaría saberlas.
Para muchos, el cometa Kohoutek paso sin pena ni gloria, muchos ni siquiera lo recuerdan. Pero yo lo recordaré siempre por todas las emociones que experimenté mientras estuvo en el cielo. Para mi, el Kohoutek fue mi cometa del siglo.
Porque, como dicen por ahí, la gente no recuerda tanto las cosas que se dicen o las que se hacen, sino aquellas que le hacen sentir emociones. ¿Eres tu como mi cometa?
Referencias:
Serra, Alfredo (2017). La Extraña Historia del Cometa Esquivo… PERIODICO Infobae. Consultado el 27/octubre/2019 en https://www.infobae.com/tendencias/2017/07/21/la-extrana-historia-de-un-cometa-esquivo-y-los-hombres-que-lo-esperaban/
Sánchez, Claudio. (2011). El Cometa Kohoutek. Revista Pagina12. Consultado el 27/octubre/2019 en https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/futuro/13-2642-2011-12-24.html
Coca-Cola, 1971 – ‘Hilltop’ | «I’d like to buy the world a Coke» consultado en Coca-Cola, 1971 – ‘Hilltop’ | «I’d like to buy the world a Coke»




