Perder dinero no es divertido – Paul Allen
Esta es una anécdota que nos advierte de pensar que, cuando todo va bien en los negocios, es porque tenemos todo bajo control.
Es verdad, perder dinero no es divertido, especialmente si es dinero que no te sobra. Hay quien se puede dar el lujo de perder $5 mil millones, como Jeff Bezos en el 2014, cuando las acciones de Amazon bajaron 28%; o el mismo Paul Allen, con cuyo apotegma inicié este artículo. Allen hizo su fortuna, al lado de Bill Gates, cuando fundaron Microsoft en la que éste tenía un 28% de participación; una fortuna estimada por Forbes de $30 mil millones que se redujo a $21 mil 700 después de la burbuja financiera de la internet (año 2000). Más dinero de lo que se puede gastar en una vida. Para administrar tanto dinero es necesario saber identificar las oportunidades, pero también las amenazas. Es decir, manejar un negocio con inteligencia y ojos bien abiertos.
Manejar un negocio es como equilibrar una escoba descansando el mango sobre nuestra nariz: no puedes distraerte y tienes que estar en constante movimiento. ¿Lo han hecho?
Yo inicié mi negoció precisamente en el 2000; no tenía nada que ver con internet, pero si estaba relacionado con la nueva tecnología educativa. Yo quería ser un precursor y lo logré. Mi objetivo era transformar el sistema educativo para enfocarlo a ciencia y tecnología. Encontré el producto, hubo aceptación y vendí mucho y gané aún más; pero, a mitad del camino, embelesado por la abundancia, descuidé lo que pasaba en el mercado internacional.
El negocio de ROBÓTICA educativa iba muy bien, el Tecnológico de Monterrey, ordenaba cerca de trescientos equipos cada semestre. Cada equipo se vendía a $6 mil 300, dejándome un margen muy atractivo.
Mi promovedor estaba contento con el volumen de mis ventas que ofreció otorgarme tres meses de crédito. Yo siempre pagaba puntual, otras veces, antes del vencimiento. Todo era color de rosa: un negocio que además me parecía un juego divertido.
Dirán, bueno, ¿y como es que yendo tan bien se puede perder tanto dinero? Pues les cuento.
Ustedes saben que nuestra moneda empezó a devaluarse desde 1982 cuando aún comprábamos dólares de a 12.50, luego subió a 24 y más tarde a 54 pesos. Para hacer el cuento corto, solo les diré que, para 1991, el dólar ya costaba tres mil pesos. Luego, el 1 de enero 1993 entró en vigor un decreto que le quitó tres ceros a nuestro peso, lo llamaron ahora «nuevo peso». Obra de Salinas de Gortari y su famoso «error de diciembre». Bueno, con eso al margen…
Nuestra moneda continuó su descenso devaluándose hasta que en el 2002, el dólar ya costaba arriba de los diez nuevos pesos. Si, diez mil de los antiguos pesos, por cada dólar. Ahí se mantuvo relativamente estable por varios años hasta el 2008, fluctuando ligeramente entre 10.50 y 10.90. Una variación de cuarenta centavos solo se tornaba crítica a niveles arriba de los $2 mil 500, cuando esa diferencia representaba unos mil nuevos pesos.
En diciembre del 2008, preparando inventario para el semestre que empezaba en enero 2009, realicé un pedido de 210 unidades de robótica, las cuales me facturaron en dólares, con la misma confianza de crédito a tres meses.
Mi factura vino por $47 mil. Al tipo de cambio de ese día, la cantidad a pagar en moneda nacional sería de 517 mil nuevos pesos.
Empezando el 2009, anuncié la oferta en todos los campus y los alumnos acudían por su equipo a mi tienda provisional dentro de la universidad. Vendí los 210 equipos.
El importe de mi venta reportó 630 mil nuevos pesos, y empecé a disfrutar mi utilidad de mas de 100 mil nuevos pesos.
En marzo, cuando me preparaba para liquidar mis facturas, el tipo de cambio me sorprendió a 15.38 convirtiendo mi adeudo en la increíble suma de 724 mil nuevos pesos. Adiós utilidad, bienvenida deuda impagable.
Mi proveedor accedió a dividir la suma en parcialidades dentro de un plazo razonable para que yo pudiera liquidarla en su totalidad y condonó el interés. Llegamos a un acuerdo, seguí vendiendo y pagando la deuda durante dos larguísimos años.
Lo que aprendí
Mientras escribía este artículo, me detuve un momento a pensar que había aprendido de esta experiencia. Inmediatamente me vino la respuesta en forma de puntos:
- Manejar un negocio no es solo comprar y vender. Afuera, hay algo más temible que los timadores y los ladrones; se llaman inflación y devaluación.
- En tiempos de inestabilidad financiera, es mejor tener deuda en moneda nacional y con tasa fija. Afortunadamente para mi, mi proveedor no cargó intereses. Quizá mi rostro desesperado le conmovió.
- Distribuir las ganancias para tener un fondo de reserva. No gastes sin mesura. El empresario que se embelesa en su riqueza puede ya estar perdiendo sin notarlo.
- El crédito es bueno, pero si tienes el dinero, paga tus deudas. Trabajar y hacer negocios con dinero de otros es la mejor inversión. Pero un mal acreedor perderá la confianza de quienes le confían su dinero.
Y precisamente eso fue lo que siguió en esta historia: Al momento de liquidar la última letra, mi proveedor prefirió terminar la relación comercial.
Me quede sin negocio.
Luego, recordé que el objetivo inicial de mi proyecto Había sido introducir la tecnología como materia curricular en el sistema educativo. Esa parte, se había logrado. Esa parte le dio sentido a diez años invertidos en ese negocio.
Y fue con esa parte, con la que me di cuenta que en realidad no había perdido nada; más bien, había cumplido mi propósito, había ganado experiencia en los negocios y miles de estudiantes se habían beneficiado con enseñanza de otro nivel. Recuperé mis fuerzas y seguí adelante.
Créanme,, perder dinero es triste, pero la tristeza termina cuando te levantas de nuevo y empiezas una nueva aventura como un hombre más decidido y con más experiencia, porque como decía Oscar Wilde,
Experiencia es el nombre que le damos a nuestras equivocaciones.
Continua en El Supuesto Secuestro de mi Familia





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