Día 3. Mayo 30, 2019

La Bufadora seria muestra primera parada, más allá de Ensenada. No muy lejos.

El March se maneja bien, pero en las curvas pareciera que se volcará. Me fui despacio.

El lugar estaba desierto. El estacionamiento del lugar cerrado. Por fortuna había otra entrada abierta, aparqué y nadie salió a cobrar. Nos enfilamos hacia el sitio de interés. Mi prioridad era encontrar un baño. Había uno que cobraba por mear $10 pesos, me salió gratis descargar la vejiga, igual, nadie salió a cobrar.

Encontramos más gente y observé que mucho más adelante de donde aparcamos nosotros había otra entrada.

La Bufadora es como una pequeña ensenada con un risco al centro al cual es imposible de llegar debido a las peligrosas corrientes que genera el oleaje que revienta allí. En en extremo, el torrente marino se incrusta en las grietas que se han formado con el tiempo entre las capas tectónicas y este busca acceso provocando la salida violenta del agua por todas ellas, y el característico bufido, ¡bufff!

La temperatura del lugar era fresca, y eso no impedía que los chicos se divirtieran mojándose con el rocío formado.

Luego ya solo nos tomamos la foto del recuerdo y nos regresamos. La Bufadora valió la pena de un viaje de una hora más allá de Ensenada.

Llegamos a Ensenada. El acceso al centro estaba cerrado por una carrera de autos off-road, la 51ª Baja 500. El papá de Samantha, la novia de Mario estaría participando. No nos quedamos.

En nuestra ruta de regreso a Puerto Nuevo, pasamos por el museo de la vaquita marina, el Caracol, Museo de la Ballena y Ciencias Del Mar. Terrible verdad de cómo la falta de conciencia y la codicia del hombre pueden ocasionar la total extinción de una especie. Según nuestro guía, el último conteo es de 22 ejemplares. Quien sabe cuantas vaquitas nacerán en el futuro si el periodo de gestación es de 11 meses y solo se aparean cada 24.

De vuelta en el hotel utilizamos nuestros vales de bienvenida canjeándolos por bebidas. Pasamos al bar e iniciamos una agradable charla. Los Toastmasters ya empezaban a llegar y muchos de ellos ya estaban en el bar esperando la inauguración.

Me acerqué a la mesa de registro, y aunque yo envíe mi pago treinta días antes, no estaba registrado. El tipo al que entonces envié mi comprobante y me notificó de recibido, me pide lo vuelva a enviar. Quiso cobrarme la diferencia de cuota tardía. Discutí con el. Me dieron mi material de convención.

Me uní a mi familia. Detrás de mi venia el tipo y me advirtió que mi familia no podía estar en ese lugar. Esta vez me exasperé, Nadie podía impedirnos usar áreas comunes del hotel, pero el lo hacia. Le dije amablemente que nos quedaríamos. Se fue irritado. Otros huéspedes estaban sentados a la barra y este no fue justo al solo pedirnos a nosotros que nos retiráramos.

Empezó el evento, nosotros lo vimos desde la terraza, por detrás. Eventualmente el tipo pasaba y nos regalaba su mirada de desaprobación. Fue divertido. Mientras tanto, el «espectáculo» iniciaba sin programa, sin coordinación y mal ambientado. Y, como soy un experto organizador de eventos, pues ahí estaba yo imaginando cómo pudo haber sido mejor. Nos retiramos a nuestra habitación. En el camino a esta, mis hijos pensaron que pasáramos el resto de la noche frente a una fogata. Así lo hicimos y tuvimos una velada maravillosa con más bebidas y mucho de verdadera conversación de calidad. Memorable.

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