Día 1. Martes, mayo 28, 2019.

No tuvimos que madrugar, nuestro vuelo salía hasta las 11:00 a.m., pero para las 8:00 ya estábamos listos. Pedimos un UberXL para ir cómodos. A las 8:30 ya estábamos en el aeropuerto y nos dirigimos a documentar las maletas inmediatamente. Era muy temprano para documentar maletas, así que nos fuimos a almorzar a La Mansión. «Aquí no, está muy caro», empezó mi esposa. Prefería que usáramos una de esas franquicias de comida rápida, como Carl’s Jr. Nos dirigimos hacia allá solo para percatarnos de que sus desayunos costaban igual que en el restaurante «caro». Yo tenía mi plan: dejar la frugalidad; nos regresamos al Mansión y allí almorzamos.

Para las 11:30 A.M. ya estábamos en vuelo. Mario pidió la ventana, la cedimos, era su primer vuelo como adulto. Admiró la vista aérea casi todo el camino. «Parecía que andaba en Google», decía luego.

Fueron casi tres horas de vuelo hacia «el pasado»; si, pasar del tiempo del centro al tiempo del Pacífico, es regresar la vida dos horas. Salimos a las 11:00 y llegamos a las 12:00. Se siente raro.

Llegando a Tijuana, mi primer impulso fue rentar un auto, pero decido mejor ir en taxi. Un mil doscientos pesos a mi destino: Puerto Nuevo; y eran solo 45 kilómetros.

Llegamos al Hotel y Villas Puerto Nuevo Baja. En los «reviews» de viajeros lo catalogaban como 4 estrellas. Sus instalaciones me decepcionaron desde la recepción; sin embargo, cuando llegamos a nuestra villa, me conformé; una villa de dos plantas, espaciosa y bien distribuida y con una increíble vista al mar. Quedé complacido.

Llegó la hora de comer. Los lugareños y las revistas turísticas recomendaban que lo bueno en ese lugar era la langosta. Entramos al restaurante Rosamar, ante la insistencia de su dueño. Nuestra experiencia en esta oración: La langosta más horrible del mundo.

En nuestro retorno al hotel, hicimos escala en un Calimax, un almacén de abarrotes, y nos surtimos para la semana.

Después de buscar atracciones turísticas en internet, me iba desanimando poco a poco. Las distancias entre dichas atracciones eran mayores a lo que uno puede caminar en un día. Me preocupé pensando que había planeado las peores vacaciones y que al final todo saldría mal.

Me dormí esa noche sabiendo que, si iban a ser unas vacaciones inolvidables, sería necesario hacer algo más.

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