No se mucho de autos.

No me interesa de qué marca sean, o si es modelo reciente, o que color. Solo se que satisfacen la necesidad de trasladarnos de una lado a otro en la ciudad y fuera de ella. Por lo mismo, nunca me verán ensuciando mis manos de grasa, reparando o dando mantenimiento.

LLevo un registro de lo que gasto para mantener mi vehiculo en buen estado, y en el 2018, el gasto fue tan alto que me movió a tomar decisiones. LLega un momento en que gasta uno más en un auto viejo que lo que gastaría en la mensualidad de un nuevo auto. Compré un FIGO y ahora estoy planeando vender el FIESTA.

Pero el propósito de este relato no es hablar sobre autos, sino de la experiencia de tener que darle servicio uno mismo y hacerlo en compañía de tus hijos. Siempre deseé que me ayudaran en las sencillas tareas de limpiar el auto, o cambiar llantas y darles la presión adecuada, hasta las difíciles como afinarlos, cambiar aceite, limpiar inyectores y…cambiar las luces. Si, cambiar las luces.

-¿Qué quieres hacer, papá?- pregunta Mayin, uno de mis hijos.
-Quiero cambiar los bulbos de los faros delanteros, pero parece que hay que hacer algo más que solo quitar un par de tornillos.

Cambiar las luces a un Fiesta, sin preguntar a quien ya lo ha hecho, lleva tiempo. Empieza uno abriendo el cofre y analizando el campo de batalla. Ahi estan, parece sencillo, solo dos tornillos y una pija sujetan el faro al cuerpo del auto.

Mi hijo toma su teléfono y abre Youtube; un tipo ya había hecho un tutorial sobre esto.

Fuera los tornillos y la pija, y aun el faro no sale ni un centimetro. Después de intentarlo de mil maneras diferentes y desesperado, he intentado sacar los bulbos defectuosos aventurando mi mano entre los demás circuitos y tuberías que impiden la maniobra. Mis nudillos masacrados con la fricción ahora se despellejan. Nada.

Lo que hice a continuación fue en verdad osado y peligroso (para mi bolsillo). Tome de nuevo el cuerpo del faro y lo jale con fuerza hacia arriba. Un horrible crujido se escuchó por debajo -aunque pude haber sido yo mismo gritando, pronosticando una desgracia-, y el faro salio libre para maniobrar.

No dice en el manual que esto deba hacerse, pero el que lea, sepa que así es como hay que hacerle.

Al fin pude sacar los bulbos y reemplazarlos sin mayor dificultad. Los probé, y ambos prendieron correctamente; era momento de poner todo en su lugar. Una última revisión reveló que uno de los bulbos había quedado mal alineado.

-¿Qué harás?- pregunta mi chamaco.

-Volver a empezar- respondí.

Y ahí estaba yo otra vez, pasando por la misma dificultad nuevamente. No, no era un sueño, pero la verdad, ya deseaba despertarme. Al fin, todo quedó alineado como debía ser. Nunca pensé que cambiar un foco fuera a tomarme dos horas.

Bien lo decía Dña. Lupe (mi abuela)…

Aprisa y bien hecho, solamente los buñuelos.

Deja un comentario

Tendencias