Bajé de mi auto como todos los días. Los guardias me siguen con su mirada hasta que estoy cerca de ellos como reclamando un saludo amigable. Los veo a los ojos, les sonrió y me alejo con paso lento pero firme, mi vista clavada en el piso. Exploro curioso la rejilla de la nueva zanja para drenaje pluvial mientras avanzo. La puerta de seguridad se abre a mi paso, evado el arco de detección de metales y enfilo mi viaje por el jardín hacia mi oficina. Dentro del edificio, uso mi credencial para abrir las pesadas puertas, volteo a saludar al guardia pero ya es costumbre que no se molestan en voltear, menos en saludar.

Subiendo al elevador, ya que ahora no tengo energía para subir escaleras, oprimo el botón para el piso 3. Arriba, cuando las puertas se abren, me cubro los ojos para protegerme del espectacular brillo del sol matutino que se filtra por el ventanal.

Mi oficina esta a la derecha, cruzando la cafeteria, a esa hora ya concurrida por los empleados que entran a las 7:00 AM que ya esperan los sendos desayunos que ahi se preparan. A veces, mis conocidos están allí, en línea, esperando. Los saludo y continuo mi camino.

Antes de entrar a mi oficina, me recuerdo de guardar mi vianda de comida en el refrigerador de la cocineta de empleados. A unos pasos de cruzar el umbral escucho una mujer entonando una dulce melodía. Cuando llego, ella me regala una mirada de sorpresa y sonríe, pero no para de cantar; el día le ha regalado mucha felicidad.

La mujer cantaba en voz suave y su armónica entonación la cubría en un halo de resplandeciente fulgor, como ese sol de la mañana. Quiero ver su rostro nuevamente, conocerla. Ella se escondía en su quehacer, siguió trapeando el piso.

Antes de salir de ese lugar le confesé entristecido, «hace mucho que deje de cantar». Paró su canto y me indicó, «solo hay que cantar sin buscar una razón para hacerlo».

Su boca y sus ojos sonreían con ella. Me aleje y de reojo di una ultima mirada. La primera hora del día la pase tratando de entender su recomendación. Aún pienso que estaba encandilado con su resplandor.

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