He buscado la forma de hacer mis fines de semana mas amenos sin que para ellos sea necesario salir a algún lugar y gastar dinero -porque es inevitable cuando salgo con mi familia. Y no es que me disguste gastar, sino que a veces un pequeño desembolso implica una semana de ‘vacas flacas’.
Mis dos hijos menores no tienen problema para acompañarnos a donde sea, mi hijo mayor tiene otros intereses y otros motivadores. Yo tengo este diario y otros blogs que me ayudan a mantener mi mente ocupada. Sin embargo, el confinamiento a un solo lugar es pernicioso incluso para la salud mental. Así pues, este fin de semana de marzo 18 decidí que iríamos al cercano pueblo de Bustamante.
Mi plan era estar allá desde temprano, subir a las grutas, nadar en el lago y comer en un buen restaurante del pueblo para terminar caminando por la plaza. El problema es que, en mi casa, la vida empieza después del mediodía. Bueno, el fin de semana -dicen- es para descansar.
Total, espere a que todos estuvieran listos. Eran ya pasada de la una de la tarde, salimos rumbo a Colombia por la carretera No. 1 y, después de un trayecto de casi hora y media, llegamos al pueblo. Nuestra primera parada tuvo que ser el paseo de las grutas pues el parque cierra a las 5:00 PM. Nadie sube en su auto, son curvas muy peligrosas que solo los guías tienen dominadas, así es que esperamos el pequeño autobús que nos lleva al sitio.
Me quede impresionado con la infraestructura y la calidad del servicio y las instalaciones, algo digno de una ciudad de primer mundo. El interior de la gruta bellamente iluminado y nuestro trayecto por el interior seguro y accessible por el entarimado de acero que protege las formaciones de caliza y agua que han tardado siglos en formarse. Afuera, tienen un gran mirador desde donde se aprecia un valle pintado por otros pueblitos cercanos, Villaldama, la casa de la Santa Cruz y enmarcando el horizonte, una pequeña serranía en donde se encuentran las Minas Viejas propiedad de Pedro Elizalde, un viejo alcalde del pueblo quien fallecido tres años atrás.
Llegamos a comer al Hotel y Restaurante Ancira en donde probamos el exquisito cabrito en salsa, receta de la dueña, quien se aventó el partido Tigres-Cruz Azul con nosotros.
Me hubiera gustado quedarme allá, al menos por un dia. Seguramente pronto digamos de nuevo, «vamos a comer a Bustamante».





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