Hoy me llamó mi esposa a la oficina para informarme que había ido a ver al médico y que todo estaba bien.

Días atrás se había estado quejando de una molestia en su espalda. Igual que siempre, yo solo la escuché. Ante mi indiferencia, ella empezó a sentir que el dolor se desplazaba por su cuerpo y el dolor aumentaba cada vez más. Aunque sé que ella espera verme preocupado, no se lo demuestro porque le resto la oportunidad de actuar por si sola.

Siempre pienso en el peor escenario: ¿Qué haría si yo no estoy?

La misma actitud la tomo con mis hijos en el afán de que no dependan de nadie. Si bien, a su edad, tienen que depender económicamente de mí, yo espero que ante las circunstancias de un problema vial, de salud, con la ley, etc., tomen sus decisiones y me informen o pidan mi involucramiento cuando ellos ya han dado el primer paso en la solución.

Creo que la táctica va surtiendo efecto, pero muy lentamente.

La semana anterior nuestro autito Chevy ’98 tuvo complicaciones con el ventilador. Al llegar a casa después de un día de trabajo, lo menos que uno quiere escuchar es que el auto tiene problemas; cualquier cosa que implique que uno vaya a revisar con un mecánico, cuando en realidad cualquiera lo puede hacer.

Aun no me veo a mi mismo diciendo “Pero ¿cómo que te duelen los músculos? No t preoocupes, ven, te llevo al médico ahora mismo”.

Afortunadamente, escuchar que el médico diagnosticó un dolor sin importancia la ha calmado.

Ella ya se veía en el quirófano.

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